Opinión

Ni vamos tan mal, ni íbamos tan bien


 
A veces los cambios en la economía tienen que ver más con las percepciones que con las realidades.
 
En los últimos días tuve la oportunidad de hablar con diversos empresarios y encontré en varios de ellos una sensación de que las cosas van mal en la economía este año.
 
No sólo afirmaban lo anterior por los datos macroeconómicos, sino por los resultados de sus firmas al primer trimestre y los indicios de cómo vienen las cosas en el segundo.
 
Algo que no me dijeron y yo sí noté, es que adicionalmente ya había una cierta sensación de frustración respecto de lo que esperaban de la nueva administración federal, encabezada por Enrique Peña.
 
A mi parecer, la verdad es que no vamos tan mal como esas sensaciones empresariales sugieren, ni íbamos a estar tan bien como algunos creían.
 
Si los seres humanos guiáramos nuestras percepciones sólo por los datos objetivos, nos llevaríamos menos sorpresas. Pero no es así. Por naturaleza teñimos de emoción nuestra visión del futuro, siempre imperfecta.
 
Cuando algo hay que nos pone optimistas, tendemos a ver con colores más brillantes las cosas positivas que se dibujan hacia adelante. Pero si estamos de ánimo sombrío, una nubecita la visualizamos como una amenaza de tormenta.
 
Algo así pasó en los últimos meses. Creímos que la expectativa de que ahora sí, tras muchos años, ocurrieran las reformas estructurales, podría dar resultados económicos favorables en el corto plazo. No iba a ser así.
 
El crecimiento promedio anual (con cifras desestacionalizadas) de la economía en el segundo semestre del año pasado fue de 3.2%, lo que contrastó con 4.7% del primer semestre. Es decir, entre un semestre y otro hubo una reducción de 1.5 puntos porcentuales.
 
En el primer trimestre de este año (de nuevo a tasas anuales y con cifras desestacionalizadas), la cifra fue de 2.2 %; la reducción es apenas de un punto porcentual.
 
Pero, la sensación es diferente, como lo muestra el hecho de que entre el cierre del año pasado y el del viernes, el índice de precios de la BMV retrocedió en 7.3%, mientras que, por ejemplo, el Dow Jones creció en 16.8 %.
 
No es posible que si la expectativa de la economía estadounidense, expresada en las variaciones de la Bolsa, sea relativamente buena, la de la economía mexicana parezca ser tan mala.
 
Mi impresión es que hay un ingrediente subjetivo, de exceso de pesimismo, que en algún momento va a corregirse.
 
Otro factor que se magnifica a veces es el riesgo político, como pasó la semana pasada con la crisis del PAN.
 
En realidad, lo que ocurrió tras el cambio de coordinador de los senadores del blanquiazul fue una batalla más entre 2 fracciones que disputan en este momento el poder en el PAN.
 
Como le he comentado en varias ocasiones en este espacio, si en las elecciones del 7 de julio, el panismo logra resultados por arriba de los esperados y consigue, por ejemplo, retener la gubernatura de Baja California, el grupo de Gustavo Madero seguramente consolidará su posición por lo menos hasta las próximas elecciones de presidente del partido.
 
Y, con eso, se mantendrán altas las posibilidades de que el gobierno cuente con el PAN para respaldar la reforma energética.
 
En el PRD, la dirigencia de Zambrano se ha liberado de presiones tras la construcción de Morena.
 
Tenga la certeza de que en el gobierno saben que podrían ganar perdiendo en las próximas elecciones, y ese hecho está guiando decisiones.
 
La realidad es que no pareciera haber en el ámbito político la amenaza de una ruptura inminente del Pacto y persiste la posibilidad de que se concreten las reformas estructurales (especialmente la energética), que podrían atraer grandes volúmenes de inversión privada.
 
Cuestión de ponderar la realidad y la percepción.
 
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enrique.quintana@elfinanciero.com.mx