Opinión

Ni un banco más

 
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Cajero

Parecía ser una de las frases en la que más coincidía el sector de uniones de crédito, al preguntar si había algún firme interesado en convertirse en un banco.

Los socios más experimentados en el sector de uniones de crédito convenían en que el costo de la regulación, los sistemas que se tienen que implementar y la reciente mala experiencia de la Unión de Crédito Nuevo Laredo –que se convirtió en Banco Bicentenario y que fue intervenido por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores por no cumplir con los índices de capitalización y cerró en un año–, han hecho que exista poco interés de las casi 100 uniones que hay en operación en convertirse en un banco.

Sin embargo, también coinciden en que están en un momento crítico.

Por un lado, esta figura jurídica que cuenta con más de 70 años de haber iniciado y que tuvo su verdadero auge a principio de los años noventa, ha sido apoyada por una parte de la banca de desarrollo luego de mucho batallar. Pero hoy uno de sus grandes retos, coincidieron varios de los socios con más experiencia, es que puedan transmitir las ventajas de la figura a los jóvenes emprendedores de México, que pueden encontrar en ella el financiamiento que buscan.

Consideran que un tema en el que deben trabajar es en fomentar el proceso de renovación de sus socios para atraer a más jóvenes, pero también que esta figura inicie un proceso de transformación, ya que se desconoce los beneficios, como el poder recibir créditos, hacer arrendamiento, factoraje y fiduciario e incluso captar de los socios para fondearse.

Un paso en ese camino que dio el sector, es que el hoy presidente del Consejo Mexicano de Uniones de Crédito (ConUnión), Luis Morales, de la Unión de Crédito de la Contaduría Pública, pertenece a la nueva generación de socios que busca impulsar este tema y quien cree en esta figura.

Algo que buscan también mantener como impulso es que más mujeres se unan al gremio aunque, a diferencia de otros sectores como bancos o casas de bolsa, al menos hoy diez profesionistas están al frente de las uniones de crédito. Es el caso de Ana Luisa Solís, de la Unión Agrícola de Cajeme; Carmen Levari, de la Unión Chihuahuense, o María Luisa Marroquín, de la Unión de La Laguna, que además forma parte del grupo industrial Lala.

Y el otro gran tema que hoy analizan es precisamente ver cómo pueden trabajar de forma coordinada con otros intermediarios financieros no bancarios, como sucedió en el pasado, para ser escuchados por las autoridades.

Por lo que el llamado hecho hace unas semanas por la Asofom, en voz de Lamberto Corral, debe ser tomado en cuenta, pues al final la unión hace la fuerza. El problema es encontrar quién represente a las uniones, sofomes, arrendadoras y todos los demás jugadores que hoy se encuentran cada uno por su lado. Por lo pronto, la moneda está en el aire.

Twitter: @JLeyvaReus

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