Opinión

Neoliberalismo, matrimonios gay y elecciones

 
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Besos. (Edgar López)

“Fue el neoliberalismo”, dijeron muchos miembros del PRI en 2000 cuando perdieron la presidencia de la República. Otros más achacaron la derrota a una presunta “traición del presidente Ernesto Zedillo”, quien en aras de pasar a la historia como un demócrata, habría maquinado (o permitido) la derrota de su partido. La semana pasada se dijo, 16 años después, que la propuesta de matrimonios igualitarios era causa de la derrota del PRI y Labastida Ochoa, su excandidato presidencial que habría perdido por culpa del neoliberalismo, acusó a Peña Nieto de inoportuno. Si antes los culpables fueron el neoliberalismo y Zedillo, hoy lo serían Peña y sus propuestas progresistas y locuaces de matrimonios gay.

Ciertamente en Aguascalientes –una entidad conservadora, con un clero muy activo y una fuerte base panista– el tema pudo cambiar el orden de los contendientes: la elección se resolvió por tres puntos. Pero fuera de ese entorno geográfico, difícilmente la propuesta presidencial puede explicar la debacle del PRI en Tamaulipas (14.6 puntos de diferencia), Chihuahua (8.6 puntos) o Durango (3.7). En Veracruz la causa de la derrota es evidente.

Hace 16 años la causa de la derrota del PRI fue el agotamiento del ejercicio del poder después de siete décadas de ejercerlo con pocos contrapesos que dio lugar a la corrupción, el abuso del poder y la mala administración de la economía, reflejada en las crisis económicas de los años ochenta y noventa, notoriamente la de 1995. También que Vicente Fox, candidato presidencial del PAN, supo vender que “sacar al PRI de Los Pinos” era la ruta para ser una nación moderna, honesta y con mayor bienestar.

Sin embargo, durante los meses posteriores al 2 de julio de 2000, fecha de la jornada electoral, cundieron argumentos parciales al interior del PRI para explicar la derrota. Que Zedillo haya aceptado en cadena nacional la derrota de su partido la misma noche de la jornada no explica esa derrota. Por su parte, culpar al neoliberalismo de la derrota del PRI implicaría que sin reformas económicas (o sea, con un esquema estatista) los votantes le habrían perdonado al partido la corrupción que prohijó.

En lugar de llamar las cosas por su nombre y tomar el toro por los cuernos, el presidente del PRI en 2016 da vueltas retóricas y eso prolonga más la enfermedad y dificulta tomar la medicina amarga que ese partido requiere para ser competitivo en 2018. Dijo el martes pasado: “Las elecciones del domingo nos han dado victorias, reveses y lecciones. Las primeras son oportunidades […] Los segundos nos exigen reflexionar a fondo, transformarnos y poner manos a la obra para reconectarnos con la ciudadanía, con sus causas y comunidades […] A todos los mexicanos, quiero decirles que escuchamos claro y fuerte el mensaje en las urnas y actuaremos en consecuencia”.

Ese lenguaje ambivalente y encriptado es inentendible para las nuevas generaciones. Si el PRI asume con sus letras: “Perdimos porque toleramos la corrupción, porque fuimos cómplices de gobiernos que malgastaron, que abusaron del poder…”, quizá pueda empezar a reconectar con una franja del electorado que le dio la espalda. Ciertamente no es la misma explicación en todas las entidades.

En Aguascalientes, entidad bien gobernada por el PRI y con una buena candidata, reitero, la pérdida podría deberse al activismo de la Iglesia, prohibido por la ley.

Así como el PRI debe asumir las razones de su derrota (como el PAN y el PRD asumir las causas de sus fracasos anteriores), la Iglesia católica debe evitar traspasar la legalidad en aras de alborotar a los votantes.

Por una parte, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) ha expresado su rechazo a los matrimonios igualitarios. Puede hacerlo y qué bueno que diga su opinión con claridad. Pero aprovechando las campañas electorales, grupos de laicos religiosos hicieron activismo abiertamente al interior de templos en Aguascalientes para promover el voto en contra del PRI. El Universal obtuvo las hojas de información que se repartían en la misa, sobre la plataforma política de los partidos, con una cara triste para el PRI para el rubro del matrimonio y una paloma para el PAN en el de derecho a la vida.

El artículo 455 de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales prohíbe que los ministros de culto, asociaciones, iglesias o agrupaciones de cualquier religión induzcan a votar por un candidato o partido político, o a no hacerlo por cualquiera de ellos, en los lugares destinados al culto, en locales de uso público o en los medios de comunicación.

Las autoridades deben investigar a fondo para saber si ministros de culto o agrupaciones religiosas habrían violado la ley, sancionar en su caso, y no sentar un mal precedente de cara a 2018.

Twitter: @LCUgalde

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