Opinión

Neoliberales en fuga

    
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Dani Rodrik

Criticar a los economistas tiene la triple B: es bueno, bonito y barato. No cuesta nada, a todo mundo le gusta e incluso puede uno encontrar buenos argumentos. Hay quienes construyen su carrera con esa base, incluso siendo economistas. Basta con imaginar un 'hombre de paja', criticarlo y con eso es suficiente. En un artículo muy bien escrito, como acostumbra, Dani Rodrik afirma que hay que rescatar a la economía del neoliberalismo, y sin duda será todo un éxito el texto, publicado primero en el Boston Review, y en versión más extensa en The Guardian.

Rodrik inicia con una aclaración de gran importancia: “es muy difícil definir el neoliberalismo. A grandes rasgos, denota una preferencia por los mercados antes que el gobierno, los incentivos económicos antes que las normas sociales o culturales, y la iniciativa privada por encima de la acción colectiva o comunitaria”. Más adelante, reconoce que “lo amplio del término provoca que las críticas frecuentemente fallen su objetivo. No hay nada malo con los mercados, los emprendedores o los incentivos –siempre que se apliquen apropiadamente”. Es decir, “el verdadero problema es que la economía mainstream se convierte fácilmente en ideología, limitando las opciones que parecíamos tener, y dando a cambio soluciones de receta”.

Bueno, pues sí. Así es con esa definición amplia de neoliberalismo, o con una similar de keynesianismo, socialdemocracia o lo que uno guste. Es más, para poder construir el hombre de paja, Rodrik explícitamente describe el proceso: un economista de primer nivel, que es contratado como asesor en un país en desarrollo, y al que no se le da ni suficiente información, ni tiempo, sino que se le exigen recetas inmediatas. Y al dar esas recetas, se convierte en neoliberal para Rodrik. Cierto. Lo mismo puede decirse de los asesores de corte keynesiano de los años setenta, o de quienes fácilmente proponen incrementar las obligaciones del Estado porque son creyentes en la socialdemocracia. Cualquier persona a la que no se le da suficiente información, ni tiempo, acabará proponiendo recetas simplistas, sostenidas en una forma de pensar que, si gustan, podemos llamar ideología.

Ejemplifica el fracaso del neoliberalismo (como hace notar Noah Smith) con dos casos: México y Chile. El primero, bajo el gobierno de Pinochet. El segundo, a partir del sexenio de Salinas. Y dice que somos un fracaso, comparado con el gran éxito de China, donde dice que no hubo 'neoliberalismo'. Bueno, siguiendo su laxa definición, sí hubo un cambio en ese país que enfatizó los mercados, los incentivos económicos y la iniciativa privada. No al estilo europeo o estadounidense, pero indudablemente la China de Deng, y sobre todo ya en el siglo XXI, claramente coloca a los mercados, incentivos e iniciativa privada en una posición que Mao jamás hubiese aceptado.

La crítica de Rodrik al neoliberalismo (que en cierta manera desglosa en globalización más liberalización financiera), tiene ciertos paralelos con lo que Stiglitz ha expresado desde hace décadas. En su famoso libro El malestar de la globalización, el premio Nobel critica la aplicación de las recetas del Consenso de Washington, pero en Asia. Al inicio del capítulo tres reconoce, con todas sus letras, que esas recetas eran correctas para América Latina. Pues sí. Abrir mercados, reducir el tamaño del gobierno y liberar regulaciones era algo indispensable para este continente. Pero no suficiente. Todos sabemos que lo que impide un mayor desarrollo en México es la prevalencia del 'capitalismo de cuates'. Y sabemos que en el resto de América Latina se suma la dependencia de los recursos naturales. ¿Cómo es que enfrentar los privilegios de las viejas élites y mover la producción a otros sectores es un problema?

Yo creo que Rodrik falla exactamente en lo que critica: su forma de pensar es lo que guía su texto superficial.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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