Opinión

(Neo) Guerra Fría

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Obama

Uno. Si al Partido Republicano le salió un hijo desobediente, el Partido Demócrata eligió a la peor candidata posible. Sin carisma, doméstica, con lastre propio y la sombra de su señor marido. Fanfarrona, pero exacta, la expresión de Obama de que él sí hubiera podido con Trump.

Dos. Para acabarla de amolar, lo del “hackeo”, la expulsión de 32 diplomáticos de suelo norteamericano y el desdén de Putin (puro KGB), reviven la Guerra Fría (imperios en pugna), que la Globalización supuestamente acabó de borrar del mapa. ¿Es Trump, un “Topo”? ¿Agente doble, norteamericano y ruso? ¿Al servicio de quién? Del Capital, a no dudarlo.

Tres. Habrá pues, para orientarse geopolíticamente, que volver la mirada la Posguerra. En el entendido de que, para algunos, la Tercera Guerra Mundial ya lleva rato, y ya anuncia la Cuarta.

Cuatro. Truenan los chicharrores de Churchill, Stalin y Roosvelt. Irrumpen Tito y Mao. La Cortina de Hierro divide a Europa en Occidental y “Democrática”; y el Muro, a Berlín, en capitalista y comunista. Prosperan las insurrecciones africanas de los “Condenados de la tierra”. La España franquista se sujeta el cinturón de castidad.

Cinco. En Polonia, Checoeslovaquia, los Balcanes, la dominación soviética suple de la noche a la mañana a la nazi. Inglaterra, Francia, Italia, Alemania Occidental se “americanizan”. Sube como la espuma el espionaje.

Seis. En América Latina nace en 1959 un enclave marxista (a la cubana): Cuba. El “gorilato” uniformado asola Brasil, Argentina, Chile, Uruguay. La caída del Muro de Berlín, en efecto dominó, barre a la Unión Soviética y a sus satélites.

Siete. ¿Hubo, con la ideológica, y la militar de Corea, una Guerra Fría Cultural? Sí, la hubo. Contienda en la que no secundario papel juegan los intelectuales afiliados (o simpatizantes) a los grandes partidos comunistas de Europa, el italiano, el francés. La orwelliana divisa de la Unión Soviética es la Paz. La de Estados Unidos, La Libertad.

Ocho. ¿Y nuestro país? Respecto al comunismo, mientras en Europa puede hablarse de un proletariado con cabeza, en México, por el contrario, prima una cabeza sin proletariado (hoy entendemos que José Revueltas equivocó la ecuación en su valiente libro). Las masas del Partido Comunista Mexicano se las proporcionará la LOPPE, a costa de su disolución.

Nueve. La estrategia cultural norteamericana alimentará sospechas de intromisión (el concurso de pintura ESSO, la guerra al Muralismo, el abstraccionismo, el cosmopolitismo literario, la revista Libre), pero hasta ahí.

Diez. Máculas insuficientes para borrar una realidad contundente. Los 60’s, nacieron y se desplegaron como una Revuelta Cultural (narrativa, poesía, artes plásticas, música, cinematografía). Así hasta el desenlace político. El 68.

Once. Los ecos de la Revuelta Cultural Mexicana resuenan, con vigor, en los hiper-politizados 70’s, inanes en los 80’s. A la creación de avanzada, experimental, la suplen las contiendas de facciones culturales, la burocratización y, paradójicamente, el ascenso social del intelectual. Uno de los decididos pero candorosos promotores de la gran pifia del México pos 68. La “democracia” electoral.

Doce. Y campea de nueva cuenta la Guerra Fría. El horizonte de lo por venir se encapota, en esta hora en que Putin la hace de Stalin, Trump de Hitler y nuestro sistema de representación se exhibe sistema de carteles subvencionados. ¡Vaya comienzos de 2017, Centenario de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos!

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