Opinión

Negociaciones estériles

El plazo de nueve meses que se fijó para concluir las negociaciones de paz entre el gobierno de Israel y la Autoridad Nacional Palestina (ANP) concluirá al final de abril próximo; en casi nueve meses de diálogo no se lograron avances, por el contrario, se registró un retroceso, lo cual no sorprende, porque desde el inicio del proceso de negociación se sabía de la posición de inamovilidad de ambos bandos en relación a los temas de fronteras, Jerusalén, refugiados palestinos, la presencia militar de Israel en el futuro Estado palestino, el reconocimiento de Israel como el hogar nacional del pueblo judío, entre otros. Por lo demás, contra lo convenido entre las partes respecto a que mientras duraran las negociaciones, la ANP no recurría a otros foros internacionales, sin embargo, de manera unilateral decidió solicitar la incorporación de “el inexistente Estado palestino en 15 organizaciones” de la ONU, entre otras, podría recurrir a la Corte Criminal Internacional de la Haya para acusar a Israel de diversos delitos; en este sentido, fuentes cercanas al Ministro de Economía de Israel, Naftali Bennett, han consignado que Israel podría llevar a los palestinos a esa Corte “por el disparo de cohetes desde la Franja de Gaza a objetivos israelíes e incitación al terrorismo”.

Cabe mencionar que a partir de la aceptación de los palestinos como observadores en la Unesco, éstos se han “empoderado” enfrentando a Israel en varios campos; así por ejemplo, Ministros y Altos Clérigos de la ANP han endurecido sus posiciones respecto al Muro de los Lamentos, expresando que “a judíos no se les permitiría estar allí bajo un Estado palestino”; la ANP afirma que el Área de Sitio Sagrado de los musulmanes, la Mezquita de Al-Aqsa, no sólo es la propia Mezquita, sino que se extiende sobre todo el Monte del Templo, e incluye al Muro Occidental.

Por su parte Israel comunicó a sus contrapartes palestinos que cancelaba la cuarta y última tanda de liberación de palestinos detenidos antes de los Acuerdos de Paz de Oslo en 1993, acusados de sangrientos atentados contra Israel; bajo la presión de EUA, Israel se comprometió, como acto de buena voluntad para las negociaciones a excarcelar a 104 terroristas. Asimismo, en virtud de la decisión unilateral de los palestinos, el gobierno de Israel suspendió la cooperación con ellos en los renglones de seguridad, energía y agua, y autorizó un nuevo asentamiento de 700 viviendas en Jerusalén Este, acciones que criticó el Secretario de Estado de EUA, John Kerry.

Para diversos analistas las negociaciones de Paz no tienen sentido porque los palestinos no tienen una “Cultura de Paz”. Ciertamente, desde la Resolución 181 de la ONU de 1947 que previó la creación de dos Estados, uno judío y otro árabe para los palestinos, estos últimos no la aceptaron. Igualmente, a pesar de la firma del Acuerdo de Paz en Oslo en 1993, a través del cual se previa que no habría más violencia entre israelíes y palestinos, las hostilidades se reanudaron. En el 2000 se volvió a repetir la Intifada de 1987 (levantamiento popular de los palestinos en Cisjordania y Gaza) que terminó oficialmente el 24 de febrero del 2005. Ambas intifadas empezaron como campañas de resistencia y fueron intensificándose en un ciclo de violencia de atentados terroristas, seguidos de represión por los israelíes.

El objetivo de fondo de las intifadas ha sido la destrucción de Israel y la negativa a reconocer la autodeterminación del pueblo judío a través de la creación de un Estado judío, posibilidad que ningún Estado árabe reconoce; desde la creación de Israel en 1948, los palestinos no han cesado de declarar su intención “de borrar a Israel del mapa”.

Reconocer a un Estado judío significa perpetuar el conflicto entre los palestinos e Israel, con ello se protegen los derechos de los refugiados palestinos: “los palestinos seguirán exigiendo el retorno de los refugiados después de la firma de un Tratado de Paz”; para los palestinos las reclamaciones de vínculos históricos y religiosos de los judíos con Palestina son inaceptables, ello a pesar de la existencia de datos históricos y religiosos que demuestran inequívocamente la vinculación de los judíos con Jerusalén desde hace más de tres mil años.

La hostilidad palestina a Israel ha sido una constante posterior a los intifadas; el Ejército de Israel se vio precisado a combatir enérgicamente los actos terroristas de los palestinos de Hamas de la Franja de Gaza; en diciembre del 2008 y enero del 2009 llevó a cabo una operación militar a gran escala (Plomo Fundido) contra la infraestructura de esa organización, principalmente puertos, sedes ministeriales, cuarteles de policía, depósitos de armas y túneles que comunicaban a la Franja de Gaza con Egipto. En noviembre del 2011 nuevamente implementó una ofensiva contra Gaza (Pilar Defensivo) para detener los actos terroristas, intensificados por la presencia de la Yihad Islámica en esa zona. Aquí cabe preguntarse ¿qué pasará con Hamas, que no ha participado en las negociaciones, si la ANP llegara a reconocer la existencia de un Estado Judío? Hamas en su Carta de Principios declaró el no reconocimiento de Israel y prometió su destrucción.

El presidente de la ANP, Mahmud Abbas, ha indicado, o más bien amenazado, de que si no se reanudan las negociaciones se fomentara “la resistencia popular”, lo cual puede interpretarse como una “nueva ola terrorista”. No obstante que es previsible que las pláticas pudieran proseguir, estas representaran un esfuerzo estéril; un alto funcionario de la ANP, estrechamente ligado a Abbas, dijo en la televisión palestina que los israelíes son un instrumento avanzado del mal y que Alá los reunirá de manera que podamos matarlos. Al mismo tiempo, la jefe negociadora israelí en las pláticas de paz, Tzipi Livni, ha indicado “que algunos miembros del Gabinete de Israel no quieren la paz”; la coalición del gobierno liderada por Benjamín Netanyahu está dominada por extremistas que se oponen a hacer concesiones significativas o rechazan el establecimiento de un Estado palestino independiente. En este entorno, la paz entre israelíes y palestinos se vislumbra como una quimera, por lo menos en el corto plazo.