Opinión

¿Necesitamos otras cadenas de televisión?

Dado que mejorar la televisión comercial es un imperativo categórico, el gobierno propuso se posibilitara la creación de una tercera… y hasta una cuarta cadena nacional. Para ello se creó una nueva legislación y un instituto que trazara los lineamientos que se pensaron serían los adecuados.

De ocho firmas que se dijeron interesados en la aventura, ahora sólo quedan tres: el Grupo Imagen que lidera Olegario Vázquez Raña, el Grupo OEM con Mario Vázquez Raña a la cabeza y el Grupo Radio Centro de Francisco Aguirre. Los tres tienen como característica en común saber hacer mucho dinero, pero preguntémonos si eso es lo fundamental para un país urgido de avanzar en el camino de la educación.

Como puede verse, son muy pocos los candidatos para hacerse de una licitación que, en primer orden, brinde un servicio integral en donde más que entretenimiento, el sustento radique en un nuevo y decidido aliento para el desarrollo mental armónico de la población.

¿Por qué tan pocos tiradores y dos de la misma familia?

Comencemos por ver que “una cadena nacional” no se forma por decreto. Tanto Televisa como Azteca, han necesitado años para tener una cobertura que se extienda por todo el país. De hecho, lo hicieron ambos negocios comprando emisoras locales, rentándolas o intercambiando beneficios en diferentes localidades. Empujón definitivo tuvieron en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari cuando se vendió Imevisión a Ricardo Benjamín Salinas Pliego y en un rasgo de inexplicable generosidad compensatorio, se entregaron a Televisa 62 concesiones no licitadas públicamente.

El Instituto Federal de Telecomunicaciones ha calculado que una nueva cadena nacional de televisión necesitaría hasta cinco años para arrebatar aproximadamente 8.0 por ciento del mercado publicitario al duopolio televisivo. ¿Resulta eso alentador para quien desea ganancias rápidas y abultadas? Y hay que decirlo del modo en que los tres aspirantes entienden los negocios.

Renglón decisivo es la tendencia hacia la baja que muestra la televisión abierta en el mundo. Cada vez son más los presupuestos publicitarios y de inversión que se destinan a los canales restringidos y a las nuevas plataformas móviles. Hay analistas europeos y norteamericanos que hablan de una desaparición “virtual” de la Tv convencional en 25 o 30 años. Eso es probable pero no seguro.

Habría un elemento que en la legislación debe ser preocupante tanto para los consorcios que ya dominan el mercado como para los tres aspirantes que quedan: esto es que el actor preponderante deberá prestar su infraestructura a quien resulte ganador del concurso para que, con sus propios fierros, vean cómo se les hace competencia. ¿Y los entrantes tendrán confianza de que sus inversiones pasen frente a los bigotes de quien ya domina el mercado?

Licitar no una sino dos cadenas de televisión comercial cuando el mundo de los contenidos es tan competido –y con mucha frecuencia tan ruin y repetitivo–, es un riesgo que pocos desean enfrentar. Véase lo que ocurre cuando en la Tv de paga se pueden tener cien o más canales que prácticamente ofrecen lo mismo.

¿Cuáles serían hoy en día los atributos, las cualidades, la programación y los servicios que debieran ofrecer las dos cadenas de televisión comercial con las que se pretende diversificar y mejorar la oferta a la sociedad mexicana?

Twitter: @RaulCremoux