Opinión

Necesita el gobierno un golpe de percepción

30 octubre 2013 5:2

 
Dice un adagio que percepción es realidad. La verdad es que no siempre… pero muchas veces sí.
 
Hoy, el gobierno requiere dar un nuevo golpe de percepción.
 
Los últimos meses del gobierno de Calderón y los primeros del gobierno de Enrique Peña, consiguieron dar ese golpe. Cambiaron la imagen del país.
 
El porcentaje de expertos –según la encuesta mensual de Banxico- que consideraban que era buen momento para invertir en México pasó de 34 por ciento en julio de 2012 a 53 por ciento en febrero de 2013, un aumento de casi 20 puntos en siete meses.
 
Sin embargo, el registro más reciente, del mes de septiembre, indica que ese porcentaje hoy es de 30 por ciento, por abajo del nivel de mediados del año pasado.
 
Hay ocasiones en que la realidad nada tiene que ver con la percepción. Si viene un tsunami, aunque usted perciba que todo el mar está en calma, la ola lo va a arrastrar.
 
Sin embargo, en la vida económica y social, la percepción puede ser todo.
 
En el 2008 estuvimos a un tris de que se derrumbara el sistema financiero internacional por la desconfianza que existía entre los propios intermediarios financieros. Nadie sabía qué tan enfermo estaba el banco al que le prestaba o le debía.
 
Por naturaleza, las decisiones económicas se toman siempre con base en información imperfecta. Hay siempre un ingrediente de subjetividad que puede estar teñido por el optimismo o pesimismo, o en circunstancias extremas, por la euforia o el pánico.
 
El gobierno de Peña en los meses previos a su arribo y luego en los primeros de su gestión, hizo brotar el optimismo.
 
En algún momento del año, sin embargo, se dio un cambio.
 
Se hizo una apuesta a las reformas, y al poder de los cambios objetivos que ellas traerían. Se pensó que serían suficientes para lograr dar permanencia al “Mexican Moment” y se dejó de trabajar explícitamente en él, casi como si hubieran sido la selección mexicana de futbol, cuyos integrantes pensaban que la calificación al mundial sería automática por haber ganado la medalla de oro en las Olimpiadas de Londres.
 
Le he comentado aquí del caso de la reforma fiscal. Pero hay mucho más.
 
A este gobierno se le criticó por tratar de cambiar, por ejemplo, la percepción sobre la violencia en el país, sólo evitando que aparecieran los muertos en las primeras planas de la prensa mundial.
 
Es claro que esa acción es insuficiente si no se trabaja para que haya menos muertos. Pero tampoco se puede estar en el otro extremo, esperando que los hechos objetivos hablen por sí mismos. Ya no es así el mundo.
 
Algunos expertos han señalado que una parte de los resultados en materia de consumo deriva de la incertidumbre respecto a la reforma fiscal.
 
Si alguien piensa que los ajustes fiscales van a restar una gran parte del poder de compra de las empresas y las familias, entonces pareciera racional el posponer decisiones hasta que las cosas estén más claras.
 
Pero si se escuchan las declaraciones de los críticos de la reforma y sobre eso se decide, lo mejor sería no gastar nada porque no habrá dinero el próximo año, pues de acuerdo a esas declaraciones, todo irá a parar al gobierno.
 
Pero si se pondera, como ayer le comentaba en este espacio, que habría un crecimiento real de 7.8 por ciento en la recaudación total esperada, según lo dicho por Aristóteles Núñez, el Jefe del SAT, entonces, aunque no es baja esa cifra, no es como para dejar de gastar.
 
Urge que haya más claridad en el entorno económico para que el ánimo cambie. Para que, asentado el polvo de la discusión de la reforma fiscal, las empresas y las familias puedan ver la perspectiva con más nitidez y se puedan tomar las decisiones que hasta ahora se han pospuesto.
 
Y la tarea de dejar ver con claridad el terreno, es del gobierno. Podemos contribuir todos a ello, pero es una responsabilidad de la autoridad.
 
No es un asunto de convencer a los diputados. Para la salud de la economía, es un tema de clarificarle a la sociedad lo que esa reforma significa
 
 
Twitter: @E_Q_