Opinión

Nazareno y oro


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Plaza de Sevilla

Sevilla en primavera huele a azahar, vive la pasión de Cristo con devoción y sentimiento. El Domingo de Resurrección marca el inicio de la primavera y de los festejos taurinos en la Real Maestranza de Caballería, que se convierte en el templo del toreo. Es la de Sevilla la plaza —desde mi punto de vista— con más arte de todas las que existen: arte por su belleza, por sus colores contrastados entre el blanco puro de sus muros y el albero dorado de lances acompasados de Curro Romero; sus silencios, momentos eternos de respeto ante el torero que pisa el albero, silencios similares a los que guardan los fieles al paso de las Cofradías, que con devoción y emotividad hacen brotar lágrimas de sensibilidad, aflorando así la emoción indescriptible de vivir una de las tradiciones más puras y ricas de España, tradición que se liga con una de las corridas más importantes del calendario taurino, el Domingo de Resurrección, fecha de máxima categoría, sólo disponible para toreros con ese algo extra. Curro Romero fue siempre protagonista en tan señalado día.

El pasado domingo fue clave, regresaron las figuras a Sevilla tras su alejamiento como protesta por el trato de la empresa. Eso ha quedado atrás. Morante de la Puebla, Manzanares y Talavante hicieron el paseíllo ante un ambiente inmejorable. La plaza colmó sus 12 mil lugares. La gente arreglada como para una boda se dispuso a presenciar el rito de una corrida de toros. Se vivieron cosas de altísimo nivel, la fiesta mostró todas sus caras: el triunfo, el arte, el drama en la cornada que recibió el banderillero de Morante (el Lili), y también lo que muchos llaman fracaso, al sonar tres avisos para el sevillano, quien tras ver a su amigo herido, se inventó una faena llena de inspiración, valor y poderío ante un toro incierto con el que puso el alma como argumento y dejó flotar su maravillosa inventiva, su estética y su torería. Manzanares no tuvo colaboración de sus toros; sin embargo, el empaque, personalidad y estética al torear le valieron el reconocimiento de una de las aficiones más entendidas del mundo. Talavante cortó una oreja de su primero y con el segundo la espada le privó de cortar otra; el temple y las maneras de este hombre lo han encumbrado ya.

¿Qué sería del mundo para muchos hombres y mujeres, sin estas tradiciones, devociones y pasiones?

Leo con coraje que los idiotas del partido político español Podemos han intentado eliminar las procesiones de Semana Santa en Sevilla. ¿Con qué fin? Con el mismo fin oportunista de políticos mexicanos como la senadora Tagle o el diputado Adrián Rubalcava, que por cierto mal informado y con un pliego lleno de mentiras invita a debatir. ¿Qué quiere debatir, diputado? ¿Su dudosa reputación? ¿Sus desfalcos? Mejor que le expliquen desde un punto de vista legal el por qué no debe intentar prohibir a los ciudadanos para los que trabaja —no se le olvide—, que tengan la libertad de escoger si quieren ir o no a los toros, tradición que no conoce, que no entiende y, lo peor del caso, que no respeta. Tenemos al frente de nuestra clase política a mucha gente sin preparación, sin conocimiento de los temas que aborda, es terrible para México.

El diputado en cuestión invita al debate y cuando en su Twitter los taurinos le expresan sus argumentos sin insultos y con respeto, mejor los bloquea, me incluyo; no me interesa seguirlo, no creo que me aporte nada, lo que sí le exijo es que escuche a un grupo de la sociedad que merece que se respeten sus gustos y tradiciones. Le comento algo, parte de la sociedad está a favor de la tauromaquia, la gran mayoría es indiferente y otra minoría está en contra, pero de lo que sí estamos hartos todos es de políticos oportunistas, sin ética ni honradez, de eso puede estar seguro. ¿Qué hará? ¿Nos bloqueará a todos los ciudadanos?

La saeta
¡Oh, la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos,
siempre por desenclavar!
¡Cantar del pueblo andaluz,
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!
¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!
¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!

Antonio Machado

Twitter:
@rafaelcue

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