Opinión

Navarrete, o
del dicho al hecho…

Hubo un tiempo en que Carlos Navarrete pensaba que había dos cosas que debían ser privilegiadas por sobre todo: la unidad del partido de la Revolución Democrática por encima de lo que conviniera a Los Chuchos, y jugársela con Cuauhtémoc Cárdenas “aunque perdamos”.

Ese tiempo fue hace no mucho. El propio Navarrete lo contó en 2011, fecha de la publicación de De frente, libro autobiográfico del guanajuatense ya citado en esta columna hace unas semanas, que de nuevo resulta un texto pertinente para contrastar lo que exponía el Navarrete que quería ser candidato al gobierno del Distrito Federal con lo que ha hecho, en los menos de dos meses que lleva, este accidentado presidente perredista.

Repasemos las palabras de Navarrete. Comencemos con lo que en su libro explica sobre por qué en las elecciones del año 2000, cuando se llegó a discutir la idea de que el ingeniero declinara a favor de Vicente Fox, apoyó hasta el final a Cuauhtémoc Cárdenas. Como las citas son largas, he subrayado algunas palabras de las mismas.

“Años después me han preguntado si no me arrepentí de haber apoyado a Cárdenas. Siempre he dicho que no. Nunca. Y de ello da prueba esta historia: En los días de campaña, Amalia convocó a una sesión de la Comisión Política en un restaurante. Fueron los gobernadores Alfonso Sánchez Anaya, Ricardo Monreal, la dirigencia nacional y los líderes de las corrientes nacionales del partido. Se trataba de hacer una evaluación de la campaña. Todos estábamos conscientes de dónde nos encontrábamos parados. Y, de pronto, el gobernador Monreal sugirió en la mesa que debíamos evaluar la posibilidad de cerrar filas con el candidato opositor para garantizar la derrota del PRI.

“Jamás se dijo explícitamente que Cárdenas debía renunciar a favor de Fox, pero sí se planteó, hasta dónde era conveniente, la declinación por Fox. Lo dijo así:

“--Debemos evaluar si es el momento de unificar a la oposición para garantizar que el PRI salga del gobierno, sería una decisión estratégica, como la que Heberto tomó en el 88 y que le dio el giro a la elección presidencial. Unificar las oposiciones, nosotros no tenemos posibilidades.

“Su planteamiento no fue mal recibido, por cierto. Pero el primero que le contestó categóricamente fui yo.

“--No, Ricardo. El ingeniero Cárdenas es el ingeniero Cárdenas para nosotros. Es el fundador del PRD, es el hombre de las batallas desde el 87 para acá, es nuestro emblema en el PRD. Sumarnos a Fox hoy sería sumarnos en forma incondicional, sin ninguna garantía. Yo conozco a Fox, no le tengo confianza, así ganara la Presidencia no le auguro éxito. Lo conozco y no creo que la izquierda gane mucho sumándose. Creo que con quien tenemos que estar hasta el final es con Cárdenas, aunque perdamos.

“A mí me tocó atajar, y lo hice con convicción. Nunca más se volvió a hablar del tema”.

De trabajar a toda costa por la unidad del partido, esto decía Navarrete sobre la caótica elección de 1999, cuando Jesús Ortega terminaría perdiendo ante Amalia García.

“Habían pasado un par de meses y ni Amalia ni Jesús daban su brazo a torcer. (…) El interinato, la anulación y la incertidumbre nos estaban afectando desde el punto de vista electoral y político. Teníamos que unificar al partido a como diera lugar. Pero ir a otra elección entre Amalia y Jesús sólo iba a repetir el encontronazo. Lo que quedaba era buscar una candidatura de unidad.

“Jesús aceptó los argumentos de todo el equipo, y también aceptó un método que, sabíamos, terminaría por entregar la presidencia a Amalia: una encuesta nacional abierta. Era el sacrificio en función de la unidad partidaria. Amalia, en efecto, ganó por cinco puntos y Jesús aceptó.

“Desde entonces en Nueva Izquierda afloró lo que es una de sus principales características: su responsabilidad en la conducción partidaria, colocar por encima de cualquier aspiración personal el bien del partido, su estabilidad y su unidad interna”.

En otra parte del libro, Navarrete dice:

“Y si de algo podemos sentirnos orgullosos quienes formamos parte de esta corriente interna del PRD es que hemos demostrado ser una corriente que actúa con una enorme responsabilidad. Priorizamos al partido sobre la corriente y colocamos al país por encima del partido. (…) Siempre buscamos la unidad partidaria, el no deterioro, el acuerdo político por sobre el conflicto, el equilibrio para que no se rompan las cosas. Es decir: hemos sido una corriente que ha contribuido a que el partido mantenga la unidad básica”.

Y en un apunte aparte, al hablar de cuánto han costado las divisiones al perredismo, Navarrete aborda el terrible saldo electoral de 2009, cuando el PRD sacó 13 por ciento de la votación.

“Esas elecciones nos enseñaron que la división nos llevaba al despeñadero. Que lo que nos conviene a todos es la unidad. Que debemos ser tolerantes con todas las expresiones, con todas las visiones, y no caer en el juego de las descalificaciones. Que en el PRD no sobra nadie, porque cada quien tiene su historia y cada cual ha hecho importantes aportes a la historia del partido”.

Para finalizar, una última cita del libro. La página 117 arranca así: “Hay quienes admiran a personajes como Winston Churchill, León Trotsky o George Patton. Yo admiro a Lázaro Cárdenas”. La foto que precede esta arrebatada frase es una del autor de De frente con el hijo del General, sí, con el mismo que renunció este martes al partido dirigido por Navarrete alegando que se va ante “el riesgo de compartir responsabilidades de decisiones tomadas por miopía, oportunismo o autocomplacencia”.

Twitter: @SalCamarena