Opinión

Narco pobre, pobre narco

 
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El Chapo

La fortuna calculada en mil millones de dólares, atribuida al narcotraficante mexicano Joaquín Guzmán Loera, que le valió su inclusión en la lista de los personajes más acaudalados del mundo, resulta irrelevante si se compara con la riqueza de otros personajes dedicados a actividades que pueden resultar más lucrativas, como la docencia o la política.

Según las propias aseveraciones del hoy más encontrado, inició su carrera delictiva a los 15 años, es decir, empeñó más o menos 40 años de su vida en la realización de actividades ilegales de alto riesgo, sin acudir a la escuela.

El profesor Humberto Moreira, exgobernador de Coahuila y exdirigente nacional del Partido Revolucionario Institucional, hoy investigado por la autoridad española por diversos delitos, dedicó su vida a la docencia y a la política, y, al igual que otros famosos colegas y antecesores suyos, pudo amasar una cuantiosa fortuna y, muy probablemente, también sin acudir a la escuela.

Al depreciado tipo de cambio de hoy, los mil millones de dólares del Chapo, equivaldrían más o menos a 19 mil millones de pesos que, comparados con sólo los 34 mil millones del desfalco de la hacienda pública coahuilense, no serían siquiera la mitad. El señor Moreira estaría en posición de reclamar su incorporación a la lista de los más ricos, con muchos mayores merecimientos que el recapturado capo.

La comparación deja una enseñanza, sobre todo para nuestras juventudes que enfrentan un futuro incierto y son presa potencial de la criminalidad: es más lucrativa la docencia política que el crimen organizado.

Siguiendo la sabia conseja de un famoso maestro, mentor de nuestra clase política, “un narco pobre es un pobre narco”.

Quizás a ello obedezca que Guzmán pretendiera incursionar en la farándula.

El autor es catedrático de la Universidad Anáhuac México Norte.

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