Opinión

Nacionalismo catalán

    
1
   

    

KOURCHENKO

Este fin de semana salieron los contras. Invadieron las calles decenas de miles de catalanes orgullosos, sí, pero también españoles, aquellos que rechazan la independencia y la separación de España. Hablaron los que habían permanecido en silencio, los que, sorprendidos, apabullados por la fuerza y la voz independentista, habían quedado rezagados al silencio. Salieron a decir lo propio, lo que sienten y piensan, que son tan catalanes como españoles.

Un grupo de 70 intelectuales, académicos e investigadores convocados por Fernando Savater, filósofo y escritor reconocido en España y el mundo entero, expresa las razones para la “no mediación”. Que no intervengan mediadores internacionales, extranjeros, el Papa o la ONU. Que sea España, con sus contrastes y contradicciones, quien decida el futuro de la región más rica y productiva del país.

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ha salido a advertir al presidente de la Generalitat, el señor Puigdemont, que el referéndum del 1 de octubre no es suficiente argumento para la secesión. Después de la marcha multitudinaria que rechazó la independencia el pasado domingo, la señora Colau ha elegido defender la postura del diálogo y la reconciliación antes de la declaración unilateral por la independencia.

Difícil el debate jurídico: el gobierno central en Madrid argumenta el marco constitucional, que cierra el paso en automático a la independencia. No existe en la historia una separación independentista que haya sucedido dentro de una Constitución, simplemente porque contradice los principios legales de una república unificada, o un reino, o una democracia moderna. Es imposible el argumento del señor Rajoy en el sentido de atenerse a la Constitución, porque no contempla la salida o la separación 'legal' de ninguna región autonómica. Al contrario, contempla la aplicación del artículo 155 que cancela o suspende los derechos de una región autonómica y establece una serie de causales, entre ellas, desconocer o rechazar al gobierno central de España. Vaya dilema. La única vía parece el diálogo como sostienen los que marcharon el domingo, y los académicos y muchos más. Postura a la que se niega Puigdemont y su gobierno, acompañado por miles de catalanes.

¿Quién tiene la mayoría? Es imposible saber, porque nadie ha registrado la posición de cada uno de los ciudadanos catalanes. ¿Tienen derecho todos los residentes en Cataluña, o sólo los nacidos en esa región? ¿Por qué no acudieron a votar masivamente todos los que marcharon este domingo? ¿Esperaban sólo a ver el tamaño de los separatistas?

El caso del Brexit puede, a pesar de las diferencias y distancias, servir de ejemplo de cómo por un porcentaje marginal quienes querían separarse de la Unión Europea triunfaron, y más de un año después el sentimiento de arrepentimiento crece en algunos sectores, esencialmente porque la economía se vio afectada: devaluación de la libra esterlina (20 por ciento), salida y traslado de bancos y corporativos financieros de Londres, etcétera. Ya ha empezado a pesar en Barcelona, donde cerca de 10 empresas y bancos han iniciado sus trámites de traslado.

El nacionalismo es una expresión del pasado. El sentimiento de la pertenencia exclusiva y única a un territorio, cultura, idioma, costumbres, es hoy más difuso que nunca. Somos globales, pertenecemos a una era y un tiempo donde, de forma creciente, millones de ciudadanos pertenecen a un territorio por origen, lengua y cultura, pero son ciudadanos globales por las características de nuestro tiempo. Los catalanes son europeos, y son españoles y son globales.

Twitter: @LKourchenko

También te puede interesar:
Merkel, cuarto mandato
¿Se acuerda del Brexit?
Ecocidio priista