Opinión

Nación servil

 
1
 

 

 [El temor al delito tiene impacto en las rutinas de la población y en la percepción que se genera sobre el desempeño de la policía./Cuartosuro]

Se realizaron elecciones y el mapa político del país se reconfiguró, pero el problema central de México sigue ahí, constante. No lo vemos en las primeras planas, pero no ha desaparecido, continúa todos los días aportando su cuota de sangre. La inseguridad y la violencia asociada al crimen organizado es el principal problema del país por el daño que provoca en víctimas y familiares, por las desgarraduras en el tejido social, por sus derivaciones en el ámbito de la justicia –corrupción e impunidad–, en lo económico y en el ánimo social.

La violencia tiene su origen en el comercio de drogas, más específicamente en la prohibición. ¿Qué es la droga? Dice Fernando Savater: “Es un producto natural o artificial, que produce tal o cual efecto, y que está prohibido.” La prohibición (como la demanda de narcóticos y las armas con las que se libra esta guerra) viene de Estados Unidos. La raíz de la prohibición no es el puritanismo, como se podría pensar. Desde hace más de 100 años se le combate no por la droga misma y sus efectos. Se persigue como pretexto para discriminar y combatir a grupos sociales a los que se les vincula con la droga. No se persigue al opio sino a los chinos. No a la mariguana sino a los mexicanos. La prohibición ha brindado por más de un siglo el pretexto perfecto para reprimir grupos sociales.

En 1994 el periodista Dan Baum entrevistó a John Ehrlichman, mano derecha de Richard Nixon durante su controvertida presidencia. Juntos planearon la forma de enfrentarse a dos de sus principales opositores: “al lograr que la gente asociara a los hippies con la mariguana y a los negros con la heroína, y luego penalizar ambas sustancias, podíamos pegarles a ambas comunidades. Podíamos detener a sus dirigentes, efectuar redadas en sus hogares, interrumpir sus reuniones e infamarlos noche tras noche en los noticieros” (trad. Jorge Castañeda).

Diego Enrique Osorno en su libro El Cártel de Sinaloa sostiene la misma tesis: el uso político del combate al narco. Lo que explica que, desde los años 70, Guerrero, foco de la insurgencia mexicana, haya sido el escenario de los embates del Ejército amparado en el combate a la producción de droga. Una hipótesis semejante ha postulado Sergio González Rodríguez en Los 43 de Iguala: no es casual que la desaparición y posible asesinato de los estudiantes a manos de una alianza entre delincuentes y policías golpeara directamente a uno de los centros rebeldes del país.

La droga ha servido al gobierno mexicano como elemento de contención social y de represión política. Lo que explicaría el reciente rechazo de los legisladores a aprobar leyes tendientes a eliminar gradualmente la prohibición, comercio y consumo de drogas. Felipe Calderón, al final de su mandato, en discursos fuera de México, reconocía que la opción punitiva había fracasado y que se tenían que encontrar “soluciones de mercado.” Hace unos meses, en la ONU, Peña Nieto hizo declaraciones en el mismo sentido. Discursos emitidos siempre en el extranjero. Aquí el discurso no cambia porque la prohibición de las drogas sigue siendo útil sin importar la cauda de sangre que se sigue dejando en el país.

Del mismo modo que en México la “guerra contra las drogas” tiene un uso político, a nivel de naciones ese mismo combate ha servido a Estados Unidos para inmiscuirse en los asuntos de nuestro país. Nos espían con sus satélites, tienen docenas de bases de la CIA operando en territorio mexicano, los agentes de la DEA se pasean en México como en su casa, más bien: mejor que en su propia casa porque aquí pueden hacer cosas que allá tienen prohibidas. En 1936 el gobierno de Lázaro Cárdenas aprobó el comercio regulado de drogas, un experimento social que apenas duró unos meses ya que, bajo amenaza de suspender la exportación de medicinas a México, el gobierno cardenista fue obligado a dar marcha atrás.

¿Quiénes son los más interesados en perpetuar este estado de cosas? En México –lo vimos en el reciente rechazo a aumentar la cantidad de mariguana que se puede portar– es el PRI y el Partido Verde, es decir, los partidos en el poder. Lo hacen como servicio al gobierno norteamericano. La prohibición viene del norte. En Estados Unidos la principal opositora a la regulación es la Administración para el Control de Drogas, cuyo presupuesto anual asciende a los 2.5 mil millones de dólares. Los burócratas de esa administración son los principales responsables de las 150 mil muertes ocurridas en México en los últimos diez años a causa de la prohibición.

En este renglón, y en tantos otros, no somos una nación soberana sino una nación servil.

Twitter:@Fernandogr

También te puede interesar:

Fuentes y el mito revolucionario

Ocho formas de decir No

Los dueños del Congreso