¿Y la refinación?
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

¿Y la refinación?

COMPARTIR

···

¿Y la refinación?

22/05/2018
Actualización 22/05/2018 - 13:18

La refinación de petróleo ha pasado desapercibida en la implementación de la reforma energética, pero hoy está en los reflectores de la agenda nacional, donde continuamente se destaca su muy mal desempeño.

Desde 1979 existen seis refinerías en México que pertenecen a Pemex. Éstas tienen una capacidad de procesamiento de 1.6 millones de barriles de crudo diario, pero en los últimos doce meses únicamente se ha utilizado cerca de 40 por ciento de su capacidad, por lo que hoy 70 por ciento de las gasolinas que se consumen en el país son importadas.

Viendo hacia atrás no es difícil explicar el porqué de este triste desempeño. Durante años la inversión en el sector fue prácticamente inexistente. En los años de altos precios energéticos se destinaron en promedio dos mil millones de dólares (10 por ciento del total de gasto en capital de Pemex) para mantenerlas en funcionamiento, pero el retorno de esa inversión es cuestionable ya que no se lograron incrementos de capacidad o mejoras importantes en eficiencia.

En contraste, en Estados Unidos existen cerca de 140 refinerías, que procesan alrededor de 18 millones de barriles diarios. En las pasadas tres décadas, el sector ha visto cambios continuos en su estructura incluyendo fusiones, nuevos desarrollos, cierres de plantas y reconfiguraciones para (en algunos casos) duplicar su producción y en otros para impulsar su productividad adaptándose al nuevo tipo de crudo existente. En total, la capacidad de refinación en ese país ha aumentado en dos millones de barriles desde el año 2000.

En México, la reforma de 2013 permitió la entrada de capital privado a todos los sectores de la industria petrolera. En estos años hemos sido testigos de la transformación del sector de Exploración y Producción de petróleo crudo, de la importante expansión de la red de gasoductos, de la entrada de múltiples empresas en la venta y distribución de gasolinas, detonando compromisos de inversión por cerca de 200 mil millones de dólares según datos de la Secretaría de Energía (Sener). Mientras tanto, en la refinación no se observa prácticamente ningún cambio.

Llama la atención que una pieza clave de la cadena de suministro no haya generado interés de los particulares. Por un lado, Pemex no ha logrado conseguir un socio para la operación de sus refinerías a pesar de sabidos esfuerzos. Igualmente, las empresas privadas han preferido apostar a la importación de gasolinas a través de la inversión en almacenaje y transporte desde la frontera mientras que hasta ahora la Sener no ha dado a conocer ninguna solicitud de permiso para refinación.

Resulta sorprendente el aparente rezago de la industria de refinación, ya que México tiene un mercado de petrolíferos en crecimiento, cuenta con la materia prima y un nuevo marco regulatorio favorable a la inversión. ¿Será que las condiciones o restricciones que presenta Pemex a sus socios potenciales o la Sener a posibles interesados en el negocio de la refinación son poco atractivos y limitan la rentabilidad de la inversión?

Igualmente, en una industria en la que los márgenes son volátiles, la falta de certidumbre sobre la política de precios probablemente limita el interés de los inversionistas.

La pregunta que hoy se plantea es cómo garantizar la disponibilidad de combustibles adecuado para el medio ambiente y al menor costo para el consumidor. Hasta el momento, las campañas políticas han planteado una sola solución: la intervención directa del Estado con la construcción de nuevas refinerías. ¿Será esta la mejor forma de invertir el dinero público? ¿Por qué no dejar que el sector privado tenga una verdadera oportunidad de participar en la refinación? Y, para los demás candidatos, ¿nos propondrán una revisión de la implementación de la reforma en este importantísimo eslabón de la cadena? ¿Hay propuestas concretas para este sector?

Myriam Rubalcava, coordinadora de Estudios Económicos de Citibanamex .

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.