Opinión

Mundo raro

 
1
 

 

Plantón.

El presidente Peña Nieto llegó a Alemania. En su viaje impulsará el comercio y la inversión. El Ejecutivo tendrá encuentros con Ángela Merkel y Joachim Gauck, con el alcalde de Berlín y con empresarios alemanes: “las relaciones de México y Alemania pasan por su mejor momento”, afirma la cancillería. Gamés no duda de que una parte, pequeña, de esta emisión declarativa sea cierta, pero no menos cierto es el hecho bochornoso de que México no asista a la Asamblea de la ONU sobre drogas (UNGASS).

Todos callados, nadie dice nada. Al amanecer hacen sus maletas porque nos vamos a Alemania, donde tenemos intereses muy importantes. De paso, el presidente visitará Dinamarca que, como se sabe, desde los vikingos y la muerte de Canuto el Grande, es sumamente cercana a la identidad de los mexicanos. A los daneses les gusta el pozole de Iguala (oh, incorrección política) y el sarape de Saltillo, las trompadas de Guanajuato y la barbacoa de Hidalgo. Estas pueden ser las razones por las cuales el presidente decidió asistir a Dinamarca y no a la cumbre de las drogas.

Explica Jorge G. Castañeda en su periódico Milenio que Colombia, Guatemala y México fueron los países que propusieron adelantar la cumbre UNGASS de 2019, a 2016, naciones que han sido víctimas de una guerra sangrienta y absurda. Con la pena, pero no vamos, nos duele mucho el estómago, la maldita gastritis, ya sabes. Como las tías que decían: amanecí toda inflamada. El resultado de los foros convocados por el gobierno sobre la mariguana permanecerán en la oscuridad. México no tiene nada qué decir sobre las drogas, la prohibición, los miles de muertos, la violencia, la descomposición social.

No somos nada; o sí, somos muy raros: de lo único que deberíamos hablar no hablamos y vamos a Dinamarca a charlar sobre comercio. ¿Estamos locos?

MARCHAS
Gil lo leyó en su periódico Reforma. Se trata de una muestra incontrovertible de que habitamos un mundo raro. Mientras más de un millón de personas habían dejado estacionado su automóvil en su casa y salían como alma que lleva el diablo a tomar algún transporte público, un grupo de dos mil 500 personas provenientes de Puebla, Veracruz, Chiapas y el estado de México decidieron marchar desde el Ángel de la Independencia en dirección de la Secretaría de Gobernación. El congestionamiento fue de pronóstico reservado. El grupo de campesinos quiso llegar al Zócalo y cientos de policías antimotines impidieron el avance de la columna. ¿Y la calidad del aire? Bien, gracias; o mal, gracias. Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y decidió: sin duda, un mundo raro.

El gobierno capitalino había instalado un Comité Científico Técnico de Vigilancia sobre Contaminación Atmosférica. Bien, pensó Gilga, nada sobra: académicos, funcionarios, expertos analizarán la mala calidad del aire y sus consecuencias en grupos de riesgo en la ciudad. A la misma hora, un grupo de 130 vecinos bloqueó la entrada a Xochimilco demandando agua para sus casas.

Caracho, un mundo raro, rarísimo, en el cual se puede detener el tránsito de coches y camiones en días en los cuales la calidad del aire es mala y en días en los cuales la calidad del aire es buena; o sea, siempre y cuando se le de la gana a un grupo de personas. Un grito desgarrador rompió el silencio sagrado del amplísimo estudio: ay, mis hijoos, ciegos.

OKUPAS
Su periódico La Razón mandó a un repórter (así se decía antes), Jonathan Castro, al auditorio Che Guevara. Auditorio es un decir, no queda nada de él: no tiene butacas, la instalación eléctrica fue destruida, al techo lo atraviesan cuarteaduras, una rata pasa por aquí, otra por allá, las suelas de los zapatos se pegan en el cochambre, cucarachas de buen tamaño suben por las paredes; lo dicho, un muladar, un cuchitril.

En un mundo no tan raro, la comunidad universitaria habría acompañado al rector a exigir la devolución de ese pedazo de la UNAM, con o sin Policía. En un mundo muy raro, el rector Graue afirma que agotará todas las posibilidades del diálogo con los asaltantes; vaya, les rogará que abandonen el auditorio. Mientras, los okupas venden tacos de mixtote, grapas de cocaína, bolsitas de mariguana a granel. Muy bonito.

La máxima de Nietzsche espetó en el ático de las frases célebres: Lo absurdo de una cosa no prueba nada contra su existencia, es, más bien, condición de ella.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

También te puede interesar:
Lecciones de economía
iTome un Uber
Islandia con Liópez