Opinión

Se multiplican los atentados

El creciente número de atentados palestinos contra israelíes en Jerusalén y Cisjordania son indicio de que una tercera intifada está en marcha alentada por el resentimiento que creó la derrota de los palestinos de Hamas en la guerra contra las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) en la Franja de Gaza el verano pasado; en Jerusalén viven más de seiscientos mil judíos y 25 mil árabes palestinos. En este ámbito, el 8 de noviembre pasado Hamas anunció la creación de un Ejército Popular en la Franja de Gaza, que en una primera fase estará integrado por dos mil 500 reclutas “que estará listo para cualquier conflicto con Israel, sobretodo en el complejo de la Explanada de las Mezquitas, al-Aqsa y la Cúpula de la Roca, edificadas en Jerusalén en donde en el pasado estaba edificado el Templo Sagrado de los Judíos, destruido por los romanos en el año 70 d.C.

En las últimas semanas han surgido disturbios en la Explanada entre jóvenes palestinos y las fuerzas de seguridad de Israel ante los rumores esparcidos por el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahamud Abbas (MA) y Hamas de que el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu (BN) pretende cambiar el estatus que tiene la Explanada en el presente que permite la presencia de judíos y turistas en la misma, empero, prohíbe los rezos de los judíos a pesar de ser un lugar sagrado para ellos. BN ha acusado directamente a MH de incitar a la violencia contra los israelíes y ha confirmado que no se modificará la legislación vigente respecto a la Explanada.

En este entorno enrarecido, las visitas recientes de parlamentarios y ministros de Israel a la Explanada con fines políticos, de cara a las elecciones de 2015 en esa nación, han exacerbado los ánimos de los palestinos; a ello se añaden las peticiones de grupos religiosos israelíes para que los judíos puedan rezar en la Explanada. Cabe destacar que el activista judío, Yehuda Glick, fue herido gravemente en un atentado perpetuado por un palestino por que ha defendido el derecho de oración de judíos en la Explanda; simultáneamente, el primer ministro de la ANP, Rami Hamdalla, en una visita por esta última ha proclamado “que no habrá Estado palestino sin Jerusalén del este como la capital”.

Fuerzas de seguridad de Israel han manifestado su preocupación por que la violencia que se ha registrado en Jerusalén se extienda entre los árabes israelíes y en Cisjordania. De hecho, los disturbios ya empezaron en una aldea árabe de la Galilea, Kheir Hamdan, donde turbas de manifestantes portando banderas palestinas salieron a las calles arrojando piedras a las fuerzas de seguridad en virtud de que un residente de la aldea fue abatido al amenazar con un cuchillo a policías israelíes.

En este explosivo ambiente, el diario al-Jarida de Kwait informó que BN y el rey de Jordania, Abdula II, se reunieron en Amán el primero de noviembre pasado para dialogar sobre la escalada de violencia en la Explanada; no hubo confirmación oficial de esta junta, sin embargo, se tiene conocimiento de que ambos líderes acordaron establecer una coordinación entre el gobierno de Israel y las instituciones de seguridad jordanas encargadas de manejar la mezquita al-Aqsa.

Otro factor que avivó la tensión está vinculado con la reciente compra legal de viviendas por parte de varias familias judías religiosas en el barrio árabe de Silwan en Jerusalén del este, donde viven 50 mil personas, 90 por ciento palestinos; estos últimos arrojaron piedras y explosivos a los judíos e intentaron entrar a una vivienda de las 50 familias judías residentes en Silwan. Por lo demás, BN reiteró que Israel seguirá construyendo viviendas en Jerusalén del este, donde como se ha indicado, los palestinos demandan sea la capital de su futuro Estado; en este marco, Israel ha recibido presiones de Estados Unidos y de la Unión Europea, principalmente, para que cese la construcción de asentamientos en Jerusalén del este. Igualmente, miembros del consejo de seguridad de la ONU, a petición de Jordania y en nombre de los palestinos, demandaron poner fin a la actividad de los asentamientos; también la nueva alta representante de la Unión Europea (jefa de la diplomacia de esa entidad), Federika Mug Herin, en su primera visita oficial fuera de la Unión Europea a Ramala, expresó que está de acuerdo en que Jerusalén sea la capital de dos Estados.

Por su parte, Ron Prosor, embajador de Israel en la ONU, recientemente defendió la construcción de viviendas en Jerusalén del este, consignando ante el consejo de seguridad de esa organización “que el pueblo de Israel no es ocupante, y nosotros no somos colonos”.

La revuelta de los palestinos ha inflamado a la Hermandad Musulmana de Egipto, a la que pertenece el derrocado presidente de esa nación, Mohamed Morsi, incrementando los atentados contra la población civil y el Ejército egipcio. Los actos terroristas han cobrado intensidad en la península del Sinaí que vulneran la zona fronteriza de Egipto con Israel, particularmente la Franja de Gaza donde viven 1.8 millones de palestinos. El actual presidente de Egipto, Adelfatah al-Sisi, decretó en octubre pasado el estado de emergencia en el norte de la península del Sinaí tras el atentado yihadista que causó la muerte de 26 soldados egipcios.

Los sentimientos antiisraelíes son inducidos con vehemencia por Irán, por la organización terrorista Hesbolla con sede en Líbano, el Estado Islámico, que ha desatado una cruel lucha contra minorías en Irak y Siria y por el presidente de Turquía Recept Tayyip Erdogan, que no obstante que mantiene una activa relación comercial y militar con Israel, se ha comprometido en la “islamización” de Turquía, sumándose a las arengas antiisraelíes y antisemitas de los fundamentalistas islámicos.

Simultáneamente con el creciente odio que se experimenta contra los judíos en el mundo, han surgido voces palestinas en Israel, Jerusalén de este y Cisjordania, así como en varias comunidades musulmanas de Europa y Estados Unido, que se han pronunciado por la convivencia pacífica entre Israel y los palestinos, e incluso, culpan a Hamas y a la ANP de los graves problemas que viven los palestinos, cuyos gobernantes atribuyen a Israel y a Occidente.