Opinión

¿Mujeres intratables?


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Mujeres intratables

“Las mujeres de hoy están a punto de destronar el mito de la feminidad; empiezan a afirmar concretamente su independencia; pero no sin grandes esfuerzos consiguen vivir íntegramente su condición de seres humanos. Herederas de un duro pasado, se esfuerzan por forjar un nuevo porvenir”.
Simone de Beauvoir, El segundo sexo, 1949

La única gran revolución vigente es el feminismo y Simone de Beauvoir es una de sus más importantes precursoras. Pasarían casi 20 años para que el movimiento feminista cobrara realidad. Simone se adelantó al tiempo y describió con rigor, el arduo camino de la mujer en un mundo patriarcal, en la cultura occidental fundada en el mito del Génesis: “Eva no fue moldeada al mismo tiempo que el hombre; no fue fabricada con una sustancia diferente, ni del mismo barro que sirvió para modelar a Adán: fue extraída del flanco del primer varón. Su mismo nacimiento no fue autónomo. Dios la destinó al hombre; fue para salvar a Adán de su soledad por lo que se la dio; ella tiene en su esposo su origen y su fin, es su complemento sobre el modo de lo inesencial”.

Es completamente entendible encontrar mujeres autoafirmativas, casi obsesionadas con defender la autonomía de su existencia. Nadie debería juzgarlas y sí intentar entenderlas; sus madres las educaron de una forma y ahora intentan vivir de modo muy distinto. Las contradicciones entre tradición y libertad son fuente de angustia y culpa para muchísimas que aún se disculpan por no ser buenas para cocinar o porque les encanta trabajar. Aclaran con frecuencia que adoran a su pareja o a sus hijos, como si tener otros sueños al margen del amor o de la familia les quitara nobleza. Muchas han decidido no ser madres, no sin antes aclarar que adoran a sus sobrinos o a su perro, que serían estupendas madres, que son amorosas, que para nada son egoístas. Parece que en el fondo sienten que traicionan el ideal “sagrado” de la maternidad.

Apoyar la equidad entre hombres y mujeres suena fácil en la teoría. En la práctica es bastante más complicado. Muchos hombres siguen diciendo “te ayudo” cuando van a lavar los trastes o a cambiar un pañal. Hay infinidad de maridos que se consideran dueños del dinero de la pareja por ser ellos los que tienen el trabajo remunerado. Algunas esposas siguen aceptando un papel pasivo en la economía de la casa, llenas de culpa cuando se atreven a decidir solas.

Pero también hay, cada vez más, mujeres que exageran su necesidad de autonomía y que por el miedo a la dependencia y al sometimiento han perdido la capacidad de hacer pareja, o equipo en el trabajo, o adaptarse al ritmo de la vida familiar. “No soy tu criada, no necesito que me cuides, no tienes derecho a opinar sobre mi vida, no voy a darte ninguna explicación, te prohíbo que...”, son algunas de las expresiones de algunas mujeres que se defienden de lo masculino, tanto que terminan construyendo muros muy altos y no saben dejarse ayudar. Pueden solas con todo, aunque a veces reproducen las peores prácticas de algunos hombres, volviéndose autoritarias, intratables, malhumoradas, incapaces de recibir una sugerencia o una crítica. Algunas han adoptado la identidad de hombres patanes en su intento por ser mujeres emancipadas.

Dice Simone de Beauvoir: “El drama puede superarse mediante el libre reconocimiento de cada individuo en el otro, planteándose cada cual a sí mismo y al otro, a la vez, como objeto y como sujeto en un movimiento recíproco. Pero la amistad y la generosidad que realizan concretamente ese reconocimiento de las libertades, no son virtudes fáciles; seguramente son la más excelsa realización del hombre”.

El dilema de la equidad es uno de corresponsabilidad masculina y femenina. Los hombres necesitan seguir replanteándose, por liberales y progresistas que se crean, su trato hacia las mujeres que tienen cerca y su idea de lo femenino en general. Las mujeres tendrán que hacer grandes esfuerzos por no vivir reivindicando a todas las víctimas del machismo en su vida personal, lo que no significa olvido, sino trascendencia. La esperanza en el cambio es necesaria para vivir historias mejores. Construir un presente más igualitario requiere –entre otras cosas– de conversaciones respetuosas entre hombres y mujeres, conscientes del peligro de la venganza, el odio de género, la violencia y la defensividad como modo de vida.

Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa. Conferencista en temas de salud mental.

Twitter: @valevillag

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