Opinión

Mujeres e independientes
en elecciones, avances y retos

 
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"El Bronco" aseguró que en Nuevo León comenzará la segunda Revolución Mexicana. (Cuartoscuro)

En medio del fragor de los resultados electorales se dejan de lado algunos saldos que merecen un análisis aparte y que son consecuencia de la reforma electoral de 2014.

En la siguiente Legislatura de la Cámara de Diputados pasará de 37 a 42 por ciento la presencia de mujeres legisladoras. Datos del TEPJF nos dicen que 119 candidatas ganaron en los 300 distritos de mayoría relativa (38.6 por ciento del total), lo que significa que habrá 30 legisladoras más que en 2012. Por el principio de representación proporcional llegarán a la Cámara 94 diputadas, de modo que el total de mujeres será de 213.

Este sólo hecho constituye un logro relevante, que se alcanzó con muchos esfuerzos y que hubo de enfrentar fuertes resistencias dentro de los partidos. Las resoluciones de la autoridad electoral obligaron a los partidos a respetar la paridad en esta elección y a garantizar la participación de las mujeres en distritos competitivos, en igualdad de condiciones con los hombres. El logro se extendió también a candidaturas en otros cargos de elección popular como diputaciones locales, planillas que buscaron ayuntamientos y las delegaciones del Distrito Federal.

Se trata de una conquista irreversible que debe contribuir a consolidar el empoderamiento de las mujeres en todo el país.

Por supuesto que no basta con que haya más mujeres para que una agenda legislativa con enfoque de género gane terreno. Hace falta que las mujeres lleguemos a los puestos de representación popular con una nueva visión, con formas renovadas en nuestra acción política que tiendan a aminorar los patrones sexistas y patriarcales que han dominado el ejercicio de la política.

Haber vencido resistencias y alcanzado este logro en la integración de la Cámara baja no debe hacernos perder de vista que la desigualdad prevalece en otros poderes y niveles de gobierno. Según datos de especialistas, en lo que hace al Poder Ejecutivo, las mujeres sólo representan 12 por ciento del gabinete presidencial, en tanto que sólo 7 por ciento de las presidencias municipales tienen una mujer al frente. En la esfera del Poder Judicial, la participación femenina ronda apenas entre 17 y 22 por ciento.

Así que falta un largo camino por recorrer.

Otro saldo que vale destacar son las candidaturas independientes. En estos comicios, 500 ciudadanas y ciudadanos buscaron registrarse como candidatos, aunque únicamente lo consiguieron 125 y sólo cinco triunfaron.

En el caso de la elección de diputados federales, se registraron cinco candidatos independientes en Sinaloa, cuatro en Veracruz, tres en Tamaulipas y dos en Puebla.

Sin duda, la candidatura independiente fue la de Jaime Rodríguez, El Bronco, quien ganó la gubernatura de Nuevo León con el 48.8 por ciento de la votación, entre otras cosas porque logró convencer al electorado de su desvinculación del PRI, su partido de toda la vida.

La ruta de las candidaturas independientes es muy reciente. Apenas el 9 de agosto de 2012, se publicó en el Diario Oficial de la Federación la reforma al artículo 35 constitucional que reconoció el derecho a ser votado sin ser postulado por un partido político.

La reforma electoral de 2013-2014 dejó vacíos sustanciales que será necesario revisar a la luz del empuje que tuvieron las candidaturas independientes: los topes de gastos de campaña y una clara regulación en materia de financiamiento privado, son pendientes que el Legislativo debe atender, sobre todo para evitar el riesgo de que algunos independientes se conviertan en vehículos de poderes fácticos o del narcopoder.

A pesar de los vacíos existentes, nuestra vida democrática se enriquece con esta figura que desafía el monopolio de los partidos políticos, un reto que éstos deben afrontar con inteligencia. Esto es positivo. Seguramente en las elecciones de los años venideros (el próximo año se renuevan 12 gubernaturas) veremos cómo se extiende el fenómeno. Es por ello necesario perfeccionar la legislación, en la lógica de que si la ciudadanía gana, también gana calidad nuestra democracia.

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