Opinión

Mujer y exclusión financiera en México: de la retórica a la acción
efectiva

07 marzo 2017 5:0
 
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"FOCO" promoviendo el empoderamiento de la mujer

Equidad de género en México es una Política de Estado que atraviesa todos los programas públicos. Se habla de empoderamiento de la Mujer sin que hayamos logrado encontrar acciones efectivas para cambiar la orientación de los programas públicos que confunden equidad con número de mujeres atendidas.

Como parte de los grandes rezagos que aquejan a las mujeres en México, el de exclusión financiera sigue siendo de los más importantes. No sólo las mujeres, sino México, está ubicado en el último lugar de los países de la OCDE en inclusión financiera, con menos del 40% de la población adulta con una cuenta bancaria o formal. Al interior del país, hay varios contrastes, ya que de acuerdo con la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera 2015, en el ámbito urbano sigue habiendo una brecha de género (46.2% de mujeres con una cuenta formal contra 54.7% de hombres), mientras que en zonas rurales tal brecha se ha disipado, esto es, 39.4% de mujeres con cuenta formal contra 33.4% de hombres; lo que tampoco es un resultado triunfalista si se toma en cuenta que de esas mujeres que declaran tener una cuenta, el 46.5% se refieren a las cuentas de ahorro para recibir apoyos monetarios del gobierno, las cuales se convierten en medios de pago ya que sólo el 6% de estas cuentas tuvieron movimientos (depósitos) y de las mujeres con cuenta, sólo el 20% ha solicitado un crédito formal y sólo 15% ha adquirido un seguro, esto es, mayor acceso no se está traduciendo en mayor uso de servicios. Aunado a esto, cabe señalar que del total de mujeres rurales que declararon un crédito vigente en la encuesta, el 68.4% lo obtuvieron a través de tarjeta de crédito o tarjeta departamental, es decir, crédito al consumo.

El tema del acceso y uso de servicios financieros es relevante para una discusión seria sobre inclusión financiera de mujeres como parte de la inclusión económica, pero no es el tema a desarrollar en esta ocasión, sino más bien precisar que los bajos niveles de acceso y uso de servicios financieros, aunado a una avalancha de crédito al consumo, difícilmente apuntalan el emprendedurismo de mujeres y por tanto, hay mucho trecho por recorrer en materia de empoderamiento y salida de la pobreza.

Un estudio reciente realizado por diversos colaboradores de la OCDE y el Fondo Monetario Internacional (2) , justamente relacionando inclusión financiera y emprendedurismo concluyen que los bajos niveles de acceso y uso de servicios financieros representan un obstáculo directo al desarrollo empresarial y emprendedor de las mujeres. Con datos de la ENIF, la CNBV y la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, estos investigadores muestran que en el medio urbano, el tener más puntos de acceso muestra una relación positiva y significativa con el hecho de tener una empresa y usar servicios financieros.

Las mujeres rurales (3) en México, sistemáticamente tienen menores ingresos que los hombres, aún para el mismo tipo de ocupación, el 33.8% declaran trabajar por su cuenta (contra un 73.8% de mujeres que declaran estar auto-empleadas a nivel nacional) y sólo el 1.2% contratan a otros empleados en su actividad. A pesar de que en las mujeres predomina el autoempleo, son sólo una cuarta parte a nivel nacional.

Frente a la coyuntura económica actual, la incertidumbre y los bajos pronósticos de crecimiento económico para este y los siguientes años, se ha terminado el tiempo para debatir. Es inminente la necesidad de políticas de inclusión financiera con perspectiva de género, entendidas como aquéllas que efectivamente logren el emprendedurismo de mujeres y mayores niveles de ingreso, dicho de otra manera, las políticas públicas de la mano de los intermediarios financieros, deben estar enfocadas en abrir acceso, pero también uso de servicios encaminados a generar ingresos, lo que quiere decir llanamente: acceso a crédito productivo.

No obstante, el reto es mayor y por ello, el sector público, la banca de desarrollo y los intermediarios financieros rurales deben caminar juntos en la definición de los mecanismos, ya que el crédito productivo enfrenta sus propias barreras, por ejemplo, las económicas: medición de riesgos, garantías y asistencia técnica; así como barreras sociales: discriminación y estereotipos de la mujer que auto excluyen o favorecen la exclusión.

En consecuencia, mucho se podrá debatir sobre empoderamiento e inclusión financiera, pero si no se toman en cuenta estos datos y estas necesidades a la vista de todos, seguirá siendo retórica vacía y simulación para llenar los discursos en el Día de la Mujer.

1.- Asociación Mexicana de Uniones de Crédito del Sector Social, A.C. E-mail: isacruz@prodigy.net.mx
2.- Fareed, Gabriel, Lenain & Reynaud, “Financial Inclusion and Women Entrepreneurship: Evidence from Mex-ico” por publicarse.

3.- Se consideraron localidades de 0 a 15 mil habitantes en la ENIF 2015 para obtener estos porcentajes.

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