Opinión

Mujer rural y alimentación: oportunidad y resiliencia en el siglo XXI

17 octubre 2017 5:0
 
1
 

 

Rural

El 15 de octubre se celebra el Día Internacional de la Mujer Rural y un día más tarde, el 16 de Octubre se celebra el Día Internacional de la Alimentación. ¿Cuál es la importancia de la mujer rural en la alimentación? En realidad hay más en esta relación de lo que a primera vista se creería porque no sólo es la mujer rural la que contribuye en el trabajo para producir alimentos, en la tierra y en el hogar, sino que la mujer rural tiene un poder transformador con gran potencial en estos momentos en donde muchos de los estatus quo que se pensaban estables se están moviendo y algunos son cismas que cambiarán la forma en la que los seres humanos habitan este planeta.

Uno de estos cismas es el cambio climático que se hace cada vez más visible y sus consecuencias son cada vez más funestas y continuas, por ejemplo, cada año hay 26 millones de personas desplazadas por catástrofes climáticas lo que pone enfrente de la agenda la urgencia por un sistema de producción sustentable y circular basado en el uso de energía renovable y limpia, obligado a la conservación de la biodiversidad porque en ello está la continuidad de nuestra propia especie. Sistemas de producción mucho más amigables con el medio ambiente son un asunto de sobrevivencia y no de elección. En esto la mujer rural tiene un gran poder transformador porque en ellas existe una fortaleza y resiliencia para enfrentar las crisis, lo que les otorga un gran poder transformador en los mecanismos de producción rural, en los que va de por medio la posibilidad de empoderarlas para ser tomadoras de decisión e incidir en mitigar y frenar el cambio climático desde lo local.

Desde hace muchos años, la FAO ha promovido y vaticinado que el cambio climático volverá la mirada hacia sistemas de producción de agricultura familiar, por ser propicios para introducir tecnología de producción sustentable, además de ser una solución local para el hambre y la pobreza. En estas economías familiares, las mujeres tienen un rol muy importante porque labran la tierra, plantan las semillas y preparan alimentos para sus familias y comunidades, pero siguen sin tener acceso a la tierra, al financiamiento, es decir, están trabajando en segundo plano. Existe evidencia empírica y estudios de impacto en donde las mujeres que tienen acceso a recursos y la posibilidad de tomar decisiones, logran mejorar su bienestar propio y de sus familias (hijos y esposos) por lo que es además social y económicamente muy rentable empoderar a las mujeres para tomar decisiones e introducir los cambios necesarios en una época donde la humanidad seguirá enfrentando catástrofes climáticas agresivas, como lo fue la acción humana con la naturaleza.

Las Naciones Unidas esgrimen argumentos similares para conmemorar el Día Internacional de la Mujer Rural y priorizar su empoderamiento hacia el aumento en la tenencia de la tierra, pero nosotros añadimos que además es necesario el acceso pleno a los medios de producción (capital, capital humano, financiamiento) y la ampliación de participación de mujeres en cadenas de producción y distribución de productos de alto valor.

Para lograr esto, nuestras políticas públicas agropecuarias y alimentarias todavía están en una etapa muy incipiente, desfasadas con la necesidad que se ha descrito, basadas en presupuestos de género y cuotas que son sólo una mínima parte de la necesidad.

Tener políticas públicas con perspectiva de género requiere poner en el centro de la acción a la mujer rural y a partir de ello, desmenuzar las necesidades, barreras y fallas de los mercados y fallas en la sociedad, para que su participación no sea simulada o temporal, sino permanente, efectiva y de alto valor agregado. Innovar y replantear los programas que se dirigen a la mujer rural, de entrada requieren eliminar cualquier confinamiento a pequeños proyectos productivos de bajo perfil, pensando en que la mujer tiene otras tareas en que ocuparse y por ello, dedicará un pequeño esfuerzo a la inversión, cuando es todo lo contrario. Así como también requeriría evitar cualquier esfuerzo por convertir de un plumazo la realidad de una mujer rural con un proyecto productivo o un microcrédito, dejando de lado que en medio hay un proceso de formación, el acceso a información, proveer capacidades gradualmente para que pueda asimilar y transformar su realidad y luego la de sus hogares y comunidades.

Por ello, estamos en la antesala de una urgencia pero también de una oportunidad para cerrar las brechas de desigualdad y de paso atender graves problemas de la humanidad como son la alimentación y el cambio climático, a través de las mujeres, pero conscientes de que se requiere un esfuerzo continuo, gradual y además en el que no podrá hacerlo un gobierno solo, sin la participación de la sociedad civil y la organización económica local.

*Asociación Mexicana de Uniones de Crédito del Sector Social.

Correo: isacruzh@gmail.com

También te puede interesar:
Realismo mágico entre Ladrones viejos y rateros nuevos
Felicitación al Consejo Mexicano para el Desarrollo Rural Sustentable

Desafíos de la Inclusión Financiera en México