Opinión

Muerto en vida


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Vacío

Mario está casado, es padre de tres y llegó al consultorio por sentirse “muerto en vida”, expresión con la que resume la pérdida de entusiasmo y los escasos sentimientos de ilusión para enfrentar los días. Alma es una mujer joven, soltera, sin hijos, con una vida laboral y social interesante, que se describe con pocos deseos de levantarse, de ir a trabajar y de cuidar de su salud física y emocional. Sara es una mujer de 38 años, agotada por la crianza de dos hijos, quien se ha dado cuenta que todo lo hace por su sentido de la responsabilidad, pero que si se tratara de elegir, tomaría un sabático lejos de todo. Raúl ha logrado solvencia profesional y financiera de sobra. Confiesa sentirse vacío y aburrido con su vida doméstica y sexual, y no encuentra respuesta cuando se pregunta qué le hace falta para revivir.

Lo que estas personas viven no se trata solamente de distintas caras de la depresión. El sinsentido también es un mal hábito mental, efecto del desgaste de vivir.

La mente es el aparato humano más difícil de descifrar. Los pensamientos van y vienen. Alguien aparentemente funcional puede sentirse aburrido y hambriento de intensidad.

Frecuentemente culpamos del vacío o de la muerte del deseo a la pareja que no nos da suficiente amor o sexo; a los padres que nos criticaron y nunca nos reconocieron lo suficiente; al trabajo en donde nadie valora lo que aportamos; a los hijos que son ingratos y no ven nuestro esfuerzo por darles todo.

El deseo es lo opuesto al reposo y se refiere siempre a una acción, es decir, mueve. Deseamos, según Freud, cuando reencontramos algo atesorado por la memoria y asociado a una necesidad vital.

Roberto no sabe lo que necesita. No sabe qué le apasiona. Ha pasado gran parte de su vida enfocado en cuidar de su padre enfermo, en trabajar para mantener a sus hijos y en cultivar una relación de pareja que es bastante dispareja porque piensa mucho en que ella sea feliz, pero casi nunca piensa en él.

Los pacientes que se sienten muertos en vida califican alto en la escala de dependencia. Solamente disfrutan –o disfrutan por sobre todas las cosas– las actividades compartidas. Cine, deporte, restaurante, viaje, compras, fines de semana. Todo referido a las necesidades de otro, a partir de la propia necesidad de compartir para encontrar sentido.

“El deseo del hombre es el deseo del otro”, dice Lacan. Es así que el otro es un pretexto para reencender la maquinaria del deseo que se apaga por distintos duelos y vuelve a encenderse y a apagarse a lo largo de la vida. Se desea el reconocimiento del otro y cuando el otro no nos mira se muere una parte de nuestro deseo.

La única forma de mantenerlo vivo es en la “dialéctica de reconocimiento”, que es algo simple y poderoso a la vez: tú me reconoces y yo te reconozco.

El deseo surge de lo que nos falta, pero no se trata de algo objetivo y concreto, sino de la falta de satisfacción con el propio ser, con lo que somos.

Muchos pensadores críticos como Deleuze, consideran al deseo como una fuerza creadora y productiva. Visto así, podríamos preguntarnos qué hacemos para cuidarnos, en qué lugares y con qué personas nos sentimos plenos, en dónde vacíos y hambrientos, en dónde estamos invirtiendo (o malgastando) la energía; identificar las cosas que nos dan alegría y calma e incorporarlas a nuestra vida; aprender a poner límites para proteger nuestro tiempo y a nosotros mismos; hacer cosas interesantes, satisfactorias, significativas, que nos inspiren a seguir adelante. Es mucho más difícil regresar a sentirse vivo habitando exclusivamente en la región del deber y la responsabilidad o pensando siempre en lo que los otros quieren, sin apropiarnos de lo que queremos. La sabiduría popular acierta muchas veces: nadie da lo que no tiene, nadie puede estar bien con los demás si no está bien consigo mismo. Un buen padre es primero un hombre feliz, una buena pareja es una mujer contenta con quien es. El otro es un motor siempre presente, pero olvidar al “yo” es el primer paso para matar al deseo.

Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa. Conferencista en temas de salud mental.

Twitter: @valevillag

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