Opinión

Mueller

15 noviembre 2017 5:0
Etiquetas
 
1
 

 

Mueller

La investigación del fiscal especial de Estados Unidos, Robert Mueller, sobre los posibles nexos entre la campaña presidencial de Donald Trump con intereses gubernamentales rusos, empieza a arrojar resultados seriamente ominosos para la Casa Blanca. Día con día hay nuevas revelaciones que van pintando un entramado de intereses que sólo se explican en función de compromisos financieros, no sólo de Trump, sino de su círculo cercano, con funcionarios y oligarcas rusos leales a Vladimir Putin.

Paul Manafort

Manafort ocupó la dirección general de la campaña de Trump en el momento crucial de la convención republicana, cuando Trump amarró la candidatura. Su experiencia laboral lo delata. Hizo contactos políticos trabajando para campañas republicanas de Gerald Ford, Ronald Reagan y George Bush padre, entre otros. Los aprovechó más tarde, haciendo cabildeo para clientes internacionales, como Ferdinand Marcos, de Filipinas; Mobutu Sese Seko, de la República Democrática del Congo, y, más recientemente, como principal operador del partido político de Víktor Yanukovich, títere impuesto por Moscú para gobernar Ucrania. Cuando ese gobierno cayó, apareció una nómina clandestina que describía pagos en efectivo hechos a Manafort por millones de dólares, aunque él niega haber recibido el dinero.

Por estas fechas, Manafort celebró un contrato con Oleg Deripaska, un oligarca ruso cercano a Putin, a quien llaman El rey del aluminio. El contrato, por 10 años, le pagaba a Manafort 10 millones de dólares al año a cambio de “asesorar e incrementar los intereses del gobierno ruso en el marco internacional”. Algo ocurrió, puesto que Deripaska demandó a Manafort para recuperar su dinero en cortes de Estados Unidos. Se presume que Manafort quedó a deber al ruso, porque investigadores de Mueller obtuvieron documentos en los que Manafort ofrece reunirse semanalmente con Deripaska para mantenerlo al tanto del desarrollo de la campaña, en un intento por congraciarse con su exbenefactor.

Semanas después de un cateo sorpresa realizado por el FBI de madrugada en casa de Manafort, el fiscal Mueller presentó cargos formales, incluidos conspiración contra Estados Unidos y lavado de dinero. Manafort se declaró inocente, y está bajo arresto domiciliario junto con su mano derecha Rick Gates.

Sam Clovis

Luego de terminar su servicio en la Fuerza Aérea de Estados Unidos, Clovis condujo un programa de radio hablada en su natal estado de Iowa. De corte conservador, se integró al Partido Republicano de su estado y participó en la elección primaria para el Senado, en 2014. Ostentándose como experto en seguridad internacional, su discurso de campaña a menudo tocaba Rusia, y decía que era perfectamente válido y normal que Putin invadiera Ucrania y la tomara, porque era parte de su territorio “histórico”. Para sorpresa de nadie, Clovis perdió.
Meses después, Clovis se incorporó a la campaña de Trump y llegó a ser el codirector. Él fue quien reclutó a:

George Papadopoulos

Cuando empezaba la campaña le preguntaron a Trump por su equipo de política exterior, y el propio candidato mencionó a Papadopoulos como un experto en energía y petróleo. Papadopoulos fue discretamente arrestado por Mueller desde septiembre. Su nombre fue dado a conocer el mismo día que se presentaron cargos contra Manafort, pero su proceso iba más avanzado. Fue acusado y, ante un juez, se declaró culpable de mentir en declaraciones ante la autoridad federal.

El mensaje de Mueller quedó claro para quienes siguen en la mira de los investigadores. Si hay cooperación y verdad, los testigos serán tratados con consideración. Es el camino Papadopoulos. Si hay resistencia y opacidad, todo el peso de la justicia puede caer encima, como le está pasando a Manafort.

¿Oyeron bien, Flynn, exasesor de seguridad y su hijo? ¿Quedó claro, Carter Page, Hope Hicks, Sean Spicer, Jared Kushner, Wilbur Ross? Después no digan que no les avisaron.