Opinión

Muchos mexicanos tomaron “Zactos”

Me sigue causando prurito cuando las empresas quieren llamar la atención de los periodistas de negocios y finanzas para decir que son socialmente responsables. Cuando obtienen ese distintivo sus equipos de comunicación activan sus protocolos de promoción: lanzan boletines de prensa y preparan kits para gritar a los cuatro vientos que han sido catalogados como “Empresa Socialmente Responsable” (ESR).

Le quieren decir a la sociedad que son “buenos” y que esa cara, la bondadosa, es la única que debemos conocerles. La única.
Recientemente hicimos en El Financiero Bloomberg TV un sondeo preguntándole a la gente si adquiría productos tomando en cuenta el distintivo “ESR”. En ese momento indagábamos sobre productos de consumo. La mayoría respondió que no. Por eso pienso que sigue siendo ocioso que tantas y tantas empresas deseen comunicar ese atributo con tanto énfasis.

Ayer abrí la página web de la empresa farmacéutica Takeda en México, a la que un jurado de los Estados Unidos le castigó con pagar —junto con Eli Lilly— la estrepitosa cantidad de 9 mil millones de dólares a una serie de individuos que demandaron a ambas por no haber dado a conocer a tiempo los riesgos de cáncer de vejiga que conllevaba su medicamento “Actos” (cuya indicación es contra la diabetes). Pero la web ignora el tema: su noticia más importante es que por séptimo año consecutivo había obtenido el sello “ESR” en nuestro país. Nada del caso del cáncer ni del medicamento “Actos”.

Eli Lilly vende “Actos” en México bajo el nombre “Zactos”. La presentación de 7 tabletas con 15 mg. costaba ayer en la farmacia 229.40 pesos aproximadamente (con descuento del Inapam). El gobierno de México ha sido un gran comprador de este fármaco a través del sistema de salud público dada la gran epidemia de diabetes prevalente; no obstante, su promoción activa entre la comunidad médica parece haber disminuido desde 2011, cuando otras firmas lanzaron compuestos activos más modernos.

“Zactos” sirve para la diabetes, sí; pero de acuerdo al jurado estadounidense que ordenó a Takeda y a Lilly pagar 9 mil millones de dólares a los afectados por cáncer de vejiga, hay una línea directa entre el fármaco y esa enfermedad. Las empresas lo niegan. La carcinogénesis de la sal indica que, en ratas de laboratorio: “no se observaron tumores inducidos por el fármaco en ningún órgano, excepto la vejiga urinaria”.

Las agencias sanitarias de Francia y Alemania suspendieron la comercialización de este medicamento hace tres años. Se sabe, además, que hay una cantidad notoria de demandas pendientes contra Takeda y Lilly por el tema. Ambas firmas destacan en su página web de México que son Empresas Socialmente Responsables.

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@SOYCarlosMota