Opinión

Mr. Trump, EU va muy bien en energía

 
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Energía y Trump. (Especial)

Somos negocio fácil. ¿Sube el precio de la gasolina en Estados Unidos? El precio sube en México. ¿Baja allá el precio? El precio sube en México.

Salvo por centavos en algún mes, en este país la gasolina sólo se ha encarecido. El argumento central es su creciente importación.

El precio subió 16 por ciento durante los más recientes 12 meses, 4.0 por ciento los 12 anteriores. Las cifras son del Inegi y corresponden a la Magna.

¿Hemos perdido la dimensión de la circunstancia? Para ayudarnos con ese análisis están los estadounidenses. Algunos de ellos emitieron un documento al inicio del año, difundido por su Administración de Información Energética (EIA, en inglés). Lo que cuentan estos párrafos es el vuelco que le dimos a la historia:

“De 2006 a 2010, por ejemplo, el valor de las importaciones energéticas de Estados Unidos desde México fueron de dos a tres veces mayores respecto de aquellas en sentido contrario”, expuso la EIA.

“El comercio bilateral ha cambiado significativamente en años recientes. En 2015 y 2016, el valor de las exportaciones energéticas de Estados Unidos a México, incluyendo los rápidamente crecientes volúmenes en petróleo y gas natural, excedieron el valor de las importaciones estadounidenses desde México conforme los volúmenes de crudo mexicano vendido en Estados Unidos continúan cayendo.

“Para 2016, el valor de las exportaciones a México fue de 20 mil 200 millones de dólares, mientras que el valor de las importaciones de Estados Unidos provenientes de ese país totalizaron ocho mil 700 millones de dólares”.

Ese crecimiento fue empujado al ritmo de nuestros aceleradores en el coche. Ahora viene el que motivamos al prender la luz.

Pemex, la CFE y empresas privadas instalan ductos en toda la frontera para traer de allá más gas natural que requieren los motores que se mueven en México para generar electricidad.

“Texas está al borde del siguiente boom de petróleo y gas”, dijo a su gremio el miércoles el comisionado Wayne Christian, de la Railroad Commission of Texas, responsable del funcionamiento de dichos tubos del lado estadounidense.

“Una de las mayores amenazas a ese boom no es la ausencia de recursos naturales bajo la tierra, sino una escasez de empleados entrenados para satisfacer la demanda futura”, agregó emocionado. Tiene razón.

Ni por asomo aparece como una amenaza regulatoria o legal. Sólo John Murphy aparece como aguafiestas:

“Como el corazón de la infraestructura energética de Norteamérica, Texas ha jugado un rol crítico en convertir el déficit de energía de Estados Unidos con México en un superávit conforme las exportaciones de gas natural, gasolina y diésel han detonado en años recientes”, expuso la semana pasada el vicepresidente de políticas internacionales para la mayor organización empresarial de Estados Unidos, la US Chamber of Commerce.

Escribió lo anterior advirtiendo el daño que puede ocasionar a Texas una salida de Estados Unidos del TLCAN.

Hay que complementar: el tratado vigente no impide a México establecer impuestos a las importaciones de hidrocarburos. Menos, si es roto. No hay necesidad de entrar en conflictos.

Hay otro punto. Destruir el acuerdo golpearía a la economía, fábricas y comercios podrían cerrar. Todo ello bajaría la demanda de combustibles texanos. De nuevo, hay mucho en juego y como las anteriores, la quinta ronda de negociaciones del TLCAN mostró que el tratado puede cambiar, pero muy difícilmente acabará.

Twitter: @ruiztorre

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