Opinión

Mr. Trump, cuidado con lo que se desea

 
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Donald Trump

Mientras se especula sobre lo que realmente será capaz de hacer la nueva administración en Estados Unidos en relación a un férreo enfoque proteccionista en materia comercial y de inversiones, la lógica económica ya tiene una respuesta muy razonable: no se lo recomendamos Sr. Trump.

Comencemos por tomar en cuenta que a partir del minuto uno de la nueva administración, la nada despreciable proporción de electores que apoyaron la opción republicana estarán pendientes de ver cumplidos los compromisos del hasta hace poco disruptivo candidato. En especial aquellas promesas de regresar los empleos a Estados Unidos (EU) e impedir que más de ellos se vayan a otros países.

Bueno, resulta que una de los principales determinantes del bienestar del consumidor promedio estadounidense radica en tener acceso a una gran variedad de bienes y servicios de alta calidad a un bajo precio. Así, en su búsqueda de mayor eficiencia productiva (maximización de ganancias, minimización de costos), las grandes empresas buscan ubicarse en los más convenientes centros productivos, privilegiando aquellos países con bajos costos laborales, cierto grado de infraestructura de conectividad, bajo costo de flete y razonable productividad. México lógicamente califica.

En este contexto, el retener las operaciones de empresas y sus inversiones dentro del territorio estadounidense por razones distintas a la eficientización en su proceso de producción conlleva claros dilemas. A continuación cuatro ejemplos de dichos dilemas.

Primero, continuar produciendo al mismo nivel de costos y con la misma calidad en que se hace fuera de EU tiene como primera variable de ajuste los precios al consumidor. Operar de regreso en EU implicaría mayores costos, los cuales tendrían que ser reflejados en mayores precios si se quiere mantener los márgenes de ganancia. ¿Conocen a algún consumidor (elector) que le gusten los precios más altos o a un productor que le gusten los menores márgenes de ganancia?

Segundo, por supuesto que hay otras vías para mantener los precios sin cambios. Se puede, por ejemplo, reducir los costos. Entonces, una de las opciones obvias es reducir los salarios, teniendo como referencia el nivel al que se pagaban en operaciones fuera de EU. ¿Conoce usted a alguien que le guste los sueldos bajos?

Tercero, si no se quiere/puede reducir los salarios ni incrementar los precios queda otra opción para operar con igual o mayor eficiencia que fuera de EU en el corto o mediano plazos: modificar la razón de utilización entre capital y mano de obra. Ósea, se pueden contratar más robots y menos gente. Esta opción no proviene de la ciencia ficción. De hecho, la manufactura estadounidense ya hace años que experimenta tal proceso de sustitución. ¿Conoce usted a un robot que vote en elecciones?

Cuarto, si se quieren retener las operaciones e inversiones de empresas dentro del territorio de EU, entonces se podrían otorgar estímulos fiscales o hasta subsidios. Sin embargo, téngase en cuenta que esos recursos salen de otros sectores o rubros con sus prioridades y contribuciones específicas al crecimiento económico. ¿Es de verdad la mejor forma de gastarlos? ¿A cuántas empresas se puede disuadir? ¿Para cuántas alcanza?

He aquí algunos de los dilemas de corto y mediano plazos de una intención proteccionista sin mucha racionalidad económica y sólo un sentido electoral. Podrá sonar atractivo para algunos pero en el mediano plazo es un balazo en el pie a todos aquellos que apoyaron al presidente electo. De aquí su difícil viabilidad.

El autor es subdirector de Análisis de Mercados Financieros en la Dirección de Estudios Económicos de Banamex. Las opiniones expuestas son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la visión de Banamex.

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