Opinión

Movimiento de rechazados

Las necesidades de México son inmensas. Parecería que no hay dinero que nos alcance para subsanarlas. Tomemos tan sólo el dato publicado en estos días del número de jóvenes que aspiran a ingresar a la universidad pública y son rechazados. Las cifras reportadas por la UNAM y el IPN son alarmantes: la demanda de ingreso fue de 152 mil alumnos, de los cuales sólo 43 mil lograron obtener un lugar para continuar sus estudios. El sistema de educación superior pública apenas recibe a un 30 por ciento de los jóvenes que quisieran tener una licenciatura.

En 2012 el presupuesto de la Federación le asignó 85 mil 958 millones de pesos a la educación superior, en 2013 fueron 93 mil 553 millones y este año 103 mil 313 millones. Es decir, esta administración ha incrementado en 18 mil millones de pesos el presupuesto para educación superior. No es una cifra menor, y sin embargo, en agosto habrá más de 100 mil jóvenes que querían estudiar y no pudieron.

Lo anterior se repite con la misma gravedad en los sistemas de educación superior de los estados; en todas las entidades hay miles de jóvenes sin acceso a una universidad. De ahí los ninis: no estudian porque el Estado no les provee de la oportunidad. De ahí la caída en la productividad: no crece por falta de formación. De ahí el número de jóvenes que optan por el crimen. De ahí la falta de médicos: según la información de la UNAM, para la carrera de medicina hubo 129 espacios, cuando la demanda fue de más de 5 mil jóvenes.

Debemos buscar una alternativa urgente para este grave problema. No puede ser simplemente incrementar el presupuesto, tenemos que hacer que dichos recursos rindan más. Se requiere de programas de licenciatura serios vía internet; urgen subsidios para que los jóvenes puedan estudiar en universidades privadas; se necesitan programas de becas y financiamiento. La solución no puede recaer sólo en el sistema público de educación superior. No alcanza el dinero y no alcanza el tiempo. Para aprovechar el bono demográfico de México y que 200 mil jóvenes ingresen anualmente a la licenciatura, hay que poner en marcha políticas distintas. El movimiento de los rechazados tiene todo el derecho de protestar, haría bien también, en proponer soluciones concretas.