Opinión

Movimiento de empleos

   
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Industria automotriz

Ayer comentamos acerca del diferencial de salarios en la industria automotriz entre los países del TLCAN, que no resulta ser tan grande como se cree. Una vez considerada la productividad y la paridad de poder de compra, los trabajadores en los tres países ganan un salario equivalente.

Hay otra queja relacionada con el TLCAN: que se han movido empleos de Estados Unidos a México. En parte, dicen, por el tema salarial, que ya vimos que no es tan importante. Pero el hecho es que este flujo de empleos a México, en el mercado automotriz, simplemente no existe.

Otra vez citando el documento de Roland Berger, el empleo en la industria automotriz al inicio del TLCAN era de un millón doscientos mil trabajadores en Estados Unidos, 300 mil en México y 200 mil en Canadá. Para el año 2000, los empleos en México y Canadá seguían siendo los mismos, y habían crecido en Estados Unidos a 1.3 millones. Pero en 2001 China entra a la OMC, y disloca todos los flujos comerciales en el mundo, y ahí es donde Estados Unidos pierde empleos. Entre 2000 y 2009, Estados Unidos pierde 600 mil empleos, y Canadá 100 mil. México apenas gana 100 mil, de forma que la industria automotriz norteamericana tiene una pérdida neta de empleos de 33 por ciento.

A partir de 2009, cuando hay otra recesión, y China empieza a tener problemas, la industria norteamericana se recupera. Pasamos de 1.2 millones de empleos en total a 1.6 millones. Los 400 mil empleos adicionales se repartieron a partes iguales entre México y Estados Unidos. Si alguien sólo ve la comparación de 1995 a 2014, podría pensar que Estados Unidos perdió 300 mil empleos, y México los ganó. Pero al ver todo el proceso, queda claro que esto no es un juego de suma cero entre los países del TLCAN, sino un juego más complejo en el que China tiene un papel muy relevante.

Es decir: Norteamérica compite cuando va junta, porque enfrente tiene a un monstruo que sí utilizó durante tres décadas una mano de obra muy barata, repitió el modelo asiático de impulsar inversión, y se ha convertido en un taller de grandes proporciones. Estados Unidos, por sí solo, sería incapaz de competir con China, porque todos los procesos de menor productividad (que hoy se hacen aquí) tendrían que llevarlos a cabo con trabajadores muy costosos. Porque eso también es parte del problema de la productividad: no todos los segmentos de un proceso de producción son equivalentes, y dividirlos de acuerdo con los salarios relativos da 'economías de alcance' que permiten a los estadounidenses competir.

Hace unos días, el NY Times publicó un reportaje sobre una señora en Pennsylvania que había perdido su trabajo, porque la empresa se movía. Aunque en la nota es claro que el empleo de ella se movía a Texas, dado que otra parte de la empresa se movía a Monterrey, el encabezado y la orientación de todo el reportaje era reforzar la idea de que México roba empleos a los estadounidenses. La evidencia de una anécdota no debería aceptarse, sobre todo porque podríamos encontrar miles de otras anécdotas acerca de personas que hoy siguen trabajando en ese país gracias a que su compañía se ha hecho competitiva al mover parte del proceso a México. Pero una historia vende mucho más que mil estadísticas, y si la historia da para llorar, mucho más.

Llevamos ya tres siglos con la misma cantaleta acerca de los daños del libre comercio y la libre empresa. En esos tres siglos, 80 por ciento de la población mundial dejó la pobreza. No importa, el antiliberalismo sigue vendiendo, porque los humanos temen a la incertidumbre.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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