Opinión

Movilidad

 
1
 

 

Ecobici. (Cuartoscuro)

Soy usuario de Ecobici. No uno muy frecuente, confieso, pero de vez en cuando hago el compromiso de vivir la Ciudad de México en bicicleta.

Este miércoles, mientras caminaba hacia la oficina, observé a un ciclista en Paseo de la Reforma que sin importarle el riesgo cruzaba el carril lateral a todo lo ancho entre los automóviles; todo para esperar y encarar a una automovilista que calles atrás, al parecer, se le cerró. La escena dibujó para mí, uno de los problemas centrales que se está generando en la vía pública: el enfrentamiento de ciudadanos por el espacio en las calles.

Montserrat Paredes, una joven que circulaba en bici en otro tramo de Reforma, murió atropellada y a los pocos días dos ciclistas más perdieron la vida, al igual que un par adicional era herido por conductores. Sus casos pusieron en el centro del debate capitalino la inseguridad de los ciclistas y la automática demonización de los automóviles.

En esta discusión han aparecido diversas posturas que centran sus argumentos en problemas de infraestructura para ciclistas, falta de señalización, crecimiento desmedido del parque vehicular y la reducción de las calles para que circulen los coches, falta de aplicación a las normas de tránsito y por supuesto una ausencia de respeto, por todas las partes, al mismo.

Todos factores reales, pero que separados no atacan el problema de fondo: conductores, ciclistas y peatones entramos a una batalla diaria por ocupar el espacio público sin la menor disposición de ceder, ni centímetros, al otro.

Desde el Consejo Ciudadano de la Ciudad de México hemos trabajado en este tema desde una vertiente que permite explicar lo que ocurre: la creación de una cultura de la movilidad que no tenemos. Los problemas que enfrentamos para movernos en la ciudad no son fáciles de resolver ni su solución será inmediata, ya que apelan a cuestiones presupuestales, de infraestructura y de personal, y no veo que haya dinero para hacer las obras, ni tengamos el espacio en todas las calles para ciclovías o policías suficientes para cuidarnos a todos.

Entonces ¿cómo cambiamos? Empezando por nosotros mismos. Si atendemos a la discusión, el argumento menos utilizado es el más importante: el respeto a las normas de tránsito. Y un ejemplo del desdén que le damos a este tema es la entrada en vigor del nuevo reglamento, el 15 de diciembre, y el amplio desconocimiento que como sociedad hay del mismo.

Pongamos algunos ejemplos sólo desde la observación peatonal: los automovilistas han olvidado el uso de los “cuartos” (casi nadie los usa para anunciar una vuelta); la luz ámbar del semáforo es desde hace años una petición para acelerar y distraernos con el celular mientras conducimos ha perfeccionado nuestra imagen de pésimos conductores.

Pero los ciclistas no nos quedamos atrás. De acuerdo con un estudio del Consejo, los ciclistas son los que menos respetan el semáforo en rojo.

Sólo 3 de cada 10 lo hacen. Tampoco se hace mucho caso del sentido de las calles y en muy pocos casos se cede el paso al peatón (justo igual que los conductores de automóvil).

Y si creemos que los peatones salimos ilesos, lamento informar que la cantidad de personas dispuesta a caminar unos metros para cruzar la calle por el paso de cebra es mínima contra los que deseamos pasar de un lado a otro toreando coches y autobuses…mientras hablamos por teléfono, claro.

Es evidente que tenemos que trabajar para construir de una vez y por todas esa cultura vial que nos urge. Poco falta para que, en lugar de resolverlo, empecemos a agredirnos por un espacio que podemos compartir si tenemos voluntad. Hagámoslo por Monserrat y por muchas otras personas cuyas vidas no debieron perderse. Hagámoslo por nosotros, es nuestro deber.

Twitter:@LuisWertman

También te puede interesar:

La marihuana, el debate que viene

La responsabilidad entre las palabras y los hechos

ENVIPE