Opinión

Morena vs. PRD

 
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El partido encabezado por AMLO lidera las preferencias electorales el la capital del país. (Tomada de @morenaestatalDF)

Entre muchas de las conclusiones que se pueden obtener de las elecciones del pasado 5 de junio, están aquellas referentes a la fragmentación de la izquierda y sus consecuencias en el escenario político nacional. Desde el momento en que López Obrador abandona el PRD y forma Morena, los dos bloques considerados en la izquierda dejan de ser opciones de poder autónomas y se convierten en fragmentos de poder utilizables para las dos grandes instituciones del bipartidismo mexicano: el PRI y PAN. Así, mientras los tricolores cuentan con el Partido Verde, Nueva Alianza y en ocasiones con el PT o Encuentro Social, los blanquiazules saben que cuentan en la mayoría de los casos con el PRD como partido de apoyo sin muchos condicionamientos, ni exigencias.

Incluso Morena, que pretendió competir aislado del juego de bloques, tuvo que ceder ante la tentación del triunfo que significó el apoyo ofrecido veladamente por el PRI en Veracruz en ese fallido intento por derrotar a la alianza PAN–PRD y que llevó al candidato morenista a disputar seriamente la gubernatura del estado. De esta manera la elección de este año apuntaló el sistema bipartidista y obligó al resto de la estructura a ubicarse de uno u otro lado de esta nueva geometría política.

El PRD sigue debatiendo sobre la pertinencia de que Basave siga administrando el pleito y reparto de cuotas entre las tribus, mientras su carencia de cuadros los saca de la competencia real por la presidencia de la República a menos que alguien encuentre la fórmula para meter de nuevo a la contienda a Miguel Ángel Mancera. Por su parte, Morena pierde su oportunidad de poner una base de operaciones para 2018 en Zacatecas, a pesar de los inútiles esfuerzos de Ricardo Monreal por llevar a su hermano a la gubernatura y debido entre otras cosas a la falta de disciplina de este último. La Ciudad de México sigue siendo el bastión principal de esa izquierda enfrentada entre sí y dispuesta a aniquilarse mutuamente antes que pensar en un imposible frente común.

Mientras Mancera sigue intentando construir una candidatura presidencial más allá de la disputa interna perredista, en Morena su línea en favor de la figura del caudillo tabasqueño permanece intacta y aliada a organizaciones radicales como la CNTE o lo que queda del SME, siempre y cuando éstos se mantengan sumisos ante los dictados de López Obrador. Este último apuesta a la desintegración del PRD, en donde la minoría terminaría siendo parte de una alianza con el PAN para 2018, y el grueso del partido se incorporaría a Morena bajo el fuerte liderazgo de AMLO.

En el PRD, esta visión es inaceptable para el grueso de las corrientes, mayoritariamente aliancistas pero carentes de figuras atractivas capaces de competir con los candidatos del PAN y el PRI, por lo que su situación frente a 2018 se complica de manera profunda. Lo que sí tienen claro estos representantes de la izquierda es la imposibilidad de doblegarse a los dictados de Morena y su dueño. Es un problema ideológico, político, de intereses de grupo y de agravios acumulados por muchos años.

La desconfianza entre las partes sólo podría superarse en un escenario en donde López Obrador creciera en la intención de voto al grado de convertirse en una opción real de triunfo, lo que borraría mucho de los argumentos esgrimidos anteriormente para situarse en el pragmatismo de la posible victoria. Hoy, las dos izquierdas son enemigos irreconciliables y sus proyectos de triunfo pasan por propuestas en donde ninguno incluye al otro como posible aliado. Por el contrario, la destrucción de uno es la condición para el resurgimiento del otro como representante legítimo de este sector de la geometría política.

Twitter: @ezshabot

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