Opinión

Morelos en el ojo del huracán

 
1
 

 

Graco Ramírez dijo que los pilares de su gobierno son la seguridad y la educación. (Archivo/ Cuartoscuro)

La muerte de candidatos, y alcaldes, entre ellos el reciente asesinato de la presidenta municipal de Temixco, Gisela Mota, vuelven a la política “un negocio arriesgado en México”, dice el prestigiado semanario británico The Economist en su última edición. La publicación cita los ataques a 70 candidatos y la muerte de siete en las pasadas elecciones de 2015, además de los 40 alcaldes asesinados en los últimos ocho años.

Gisela Mota, presidenta municipal por unas cuantas horas, asesinada el pasado 2 de enero en su casa, frente a su madre, por 7 personas armadas.

¿Quién la mató? El gobernador Graco Ramírez atribuye el asesinato al grupo criminal de “Los Rojos”. Graco Ramírez, quien aspira –o aspiraba-, según se decía, a la candidatura presidencial.

Los hechos no son de extrañar. En Morelos la política está ligada a las mafias criminales, según aseveran muchos de sus habitantes, lo que ha ocasionado una gran descomposición institucional. Su economía, en lo general, es una economía tradicional de muy baja productividad que no logra despegar a pesar de su cercanía con la Ciudad de México. Sus indicadores sociales se encuentran por debajo del promedio nacional.

Este Estado ha sido gobernado tanto por el PRI como por el PAN y el PRD, pero ninguno ha dado el ancho; y también tienen presencia, a nivel municipal, tanto Morena como el partido local, el PSD, del futbolista metido a político, Cuauhtémoc Blanco, actual alcalde de Cuernavaca. Su partido político, por cierto, postuló a decenas de actores, deportistas y personas populares con el propósito de no perder el registro. Esto habla de la perversión de las clases políticas del país.

¿Por qué ganó Cuauhtémoc Blanco la alcaldía de Cuernavaca? ¿Por sus méritos políticos? ¿Por su experiencia en la materia? Nada de esto. La ganó por el hastío de la ciudadanía con los partidos políticos tradicionales. ¿Será “El Cuau” - como se le conoce en el argot futbolístico- un buen alcalde? El tiempo lo dirá, pero por lo pronto ha comprado un pleito mayúsculo con el gobernador Graco Ramírez, quien, entre otras cosas, lo acusa de que la gente que lo ha rodeado ha tenido nexos con el crimen organizado y se aprovecha de su inexperiencia.

Graco Ramírez ordena, como gobernador, el Mando Único como estrategia para enfrentar al crimen organizado. Cuauhtémoc Blanco se opone, resalta la autonomía de los municipios y provoca un fuerte enfrentamiento político, pero finalmente accede a la petición del gobernador.

Es de llamar la atención el nombramiento de Alberto Capella como responsable del área de seguridad. Se trata de un abogado de alto nivel proveniente de la sociedad civil, que tuvo una destacada actuación en Tijuana cuando estuvo al frente del área que ahora le encomiendan en Morelos. Un funcionario, sin duda, confiable, me consta.

¡Bonito y esperanzador comienzo! Por mi parte, opino que el señor alcalde de Cuernavaca es un muy buen futbolista y que Graco Ramírez se puede olvidar de sus sueños presidenciales.

Los mexicanos estamos preocupados por la marcha de nuestro país, entre otras cosas por el avance del crimen organizado. La corrupción, alentada por el inmenso poder económico de los narcotraficantes, es un temible enemigo al que hay que combatir en su raíz ¿Cómo? Sólo una alianza ciudadana, con objetivos concretos y sin liderazgos mesiánicos, será capaz de derrotarlo. Las próximas elecciones presidenciales –y también las locales- nos ofrecen una oportunidad excepcional para exigir que los candidatos que presenten los partidos comprueben fidedignamente su trayectoria honesta. No basta el discurso, siempre radiante. No bastan las promesas, las más de las veces incumplidas. En materia de honestidad, tenemos derecho a escarbar su pasado y comprobar, hasta la saciedad, que no están coludidos con la mafia o buscan la obtención de recursos ilícitos, vengan éstos de donde vengan.

Morelos es un buen laboratorio y particularmente Cuernavaca ¿Qué podemos esperar de ellos? Yo no peco de optimismo, todo lo contrario. Pero quiero estar profundamente equivocado.

Termino con una aseveración: sólo los ciudadanos podemos cambiar de raíz la suerte de nuestros municipios, estados o país. Empecemos por los municipios para continuar con los estados y tener un final feliz con nuestro país.

Me gusta lo que se ha hecho en Aguascalientes. Me gusta lo que la sociedad está haciendo desde hace algún tiempo en Michoacán. No han ganado la batalla, pero van por buen camino.

Mañana será otro día.

También te puede interesar:

The New York Times opina


¿Año nuevo, vida nueva?

El ayate