Opinión

Morante dibuja Sevilla


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Morante

Extraordinaria resultó la Feria de Abril en Sevilla. Regresaron las Figuras a los carteles tras dos años de ausencia por diferencias con la empresa Pagés. Para bien de la tauromaquia, esa disputa llegó a buen puerto y se logró montar una feria con máxima categoría en el coso de mayor solera del mundo taurino, la Real Maestranza de Sevilla.

Cuando los múltiples intereses que se manejan dentro de este complejo entramado se alinean hacia un bien común, hay satisfacción del aficionado, del público, las cosas fluyen y los triunfos y faenas históricas se viven para bien de La Fiesta en un momento tan complicado, lleno de ataques a cargo de ONGs, políticos y veganos.

Las Figuras del Toreo, llámense Juli, Ponce, Morante, Talavante y Manzanares, asumieron un rol de liderazgo con ejemplo en el ruedo, a través de lidiar con verdad y arte al toro serio y bien hecho. Además del lógico objetivo de triunfar como toreros, sus actuaciones llevaron como firme intención reivindicar esta cultura, esta forma de vivir que compartimos cientos de miles de aficionados en el mundo.

Todo el color y la magia de una ciudad como Sevilla en plena Feria de Abril, no tendría mayor repercusión —salvo fotos y selfies de turistas— si lo que aconteciera en el caprichoso ruedo oval del Paseo Colón no contara con la verdad del espectáculo más genuino que existe en el mundo, la lucha a muerte a través del arte, entre el animal más admirado y venerado por los taurinos, el toro, ante la inteligencia y valor de hombres artistas que ponen en juego su vida para generar momentos incomparables de emoción y estética que duran en el tiempo unos segundos, pero toda una vida en el recuerdo.

Fueron muchas las faenas de arte e intensidad que se vivieron durante la feria, empecemos por la de Joselito Adame, que rayó a gran altura por su madurez, entrega y concepto; de no haber sido por la espada, hubiese cortado una oreja de peso. Ya decíamos de las Figuras: Juli demostró en todas su tardes el verdadero significado de ser Figura del Toreo, pagó incluso con sangre el defender un sitio que es de él y que a arte y fuego le intentan arrebatar. Ponce dio cátedra y muestra del pleno momento que como hombre vive, es un consolidado artista, poderoso muletero cuya sutileza es su mayor arma; cuajó un toro a placer. Talavante camina aparte, su descomunal valor lo utiliza para reinventar muchas suertes del toreo y el orden para ejecutarlas; les puede a los toros con arte y sus muñecas doblegan las poderosas embestidas de cualquier astado. Manzanares, cuyo porte y elegancia lo ponen delante de cualquier compañero, solo en el paseíllo, demostró toreramente que el sitio se gana ante el toro y en el ruedo; faenas sólidas rematadas con soberbios espadazos.

Abajito de las Figuras hay un nutrido grupo de toreros excepcionales, como Manuel Escribano, quien indultó a “Cobradiezmos”, de Victorino Martín, un toro cuya bravura fue un compendio de valores y virtudes ganaderas con las que Escribano estuvo a la altura. Toreó para el toro en un gesto de generosidad hacia la tauromaquia, le hizo todo perfecto y tras el indulto dio histórica vuelta al ruedo con el ganadero y el caporal de la ganadería en un momento emblemático para La Fiesta de los Toros.

Paco Ureña tiene solera en su concepto y cuajó una gran faena a otro buen toro de Victorino Martín. Pepe Moral dejó grato sabor, ratificando sus grandes condiciones. López Simón triunfó con valor y entrega. Roca Rey sorprende, su capacidad y facilidad, llevada con verdad y elegante naturalidad, lo apuntan a ser un nuevo rey. En fin, falta espacio para seguir escribiendo acerca de esta gran feria.

Capítulo aparte merece Morante; cuatro tardes en dos semanas, cuatro llenos. Nadie torea como Morante, es un genio auténtico de nuestra época. En sus ocho toros estuvo mágico, sorpresivo, torero y entregado, su tauromaquia —insisto— es un compendio del pasado, presente y futuro de La Fiesta. Un hombre tocado por la mano de Dios. Grandes momentos durante sus ocho faenas, pero la del último toro de su feria, un noble astado de Núñez del Cuvillo, fue la locura, el desgarro de un sentimiento indescriptible que araña el alma de los aficionados, la estética de su toreo. La verdad de los terrenos que pisa y la eterna lentitud de sus formas, son un privilegio para los sentidos y un disfrute para el alma. Reitero, Morante es un genio de nuestra época.

Prácticamente a todos ellos los veremos en la Feria de Aguascalientes, que ya ha comenzado; celebremos.

Twitter: @rafaelcue

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