Opinión

Monreal y el rancho pobre

 
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Ricardo Monreal. (Edgar López)

Gil recordó la vieja expresión: también en San Juan hace aire y uno que otro ventarrón (on-on). Gamés se sintió atónito, estupefacto e inaudito cuando leyó el severo varapalo que su periódico El Universal le propinó a Ricardo Monreal, flamante delegado de la Cuauhtémoc y prematuro autodestapado candidato a la jefatura de gobierno del DF. A doble plana en la primera sección puede leerse esto: “La familia Monreal Ávila mantiene el control de mil 400 hectáreas de tierra de labor, de cuatro ranchos agrícolas, de plantas agroindustriales, gasolineras y fincas residenciales”.

Caracho, farfulló Gil, no le va nada mal a la familia de este defensor de causas nobles, a este Motolinía de los menesterosos, a este hombre incorruptible que pondrá en orden a la desenfrenada delegación Cuauhtémoc. Oigan esto s’il vous plaît: “El Universal obtuvo 46 certificados del Registro Público de la Propiedad de Zacatecas que acreditan la propiedad de igual número de inmuebles pertenecientes a varios miembros de la familia Monreal”. Luego luego a pensar mal. Denle una oportunidad a Ricardo, no sean así. “Dichos certificados catastrales documentan que, en conjunto, Ricardo Monreal, su esposa y sus dos hijas poseen 19 propiedades en los municipios de Fresnillo, Valparaíso y Guadalupe”.

Si Gilga supiera lo que es una hectárea podría dar una opinión acerca de las 126 de que consta el rancho Puebla del Palmar, propiedad de la familia Monreal, pero como no sabe, no tiene idea si se trata de un rancho de interés social o de un rancho grande, como el de la película clásica. ¿Una hectárea es mucho o es poco? Sólo el Dios del campo lo sabe.

Allá en el rancho grande

Pues con la novedad de que el rancho Puebla del Palmar cobró relevancia y aumentó su valor en el sexenio de Monreal. Entrevistado por Irma Mejía y Esteban David Rodríguez, el delegado de la Cuauhtémoc contestó: “Es un rancho normal. Cada quien tiene su pedazo de tierra heredado por mi padre, pero no son ranchos que puedan generar riqueza ni prosperidad, sino ranchos que salen adelante con el esfuerzo de todos nosotros. Ranchos modestos que sobreviven, no pierden, pero sobreviven”.

Como se sabe, los ranchos no generan riqueza, sino pobreza. Era tan pobre tan pobre, que tenía un rancho de 126 hectáreas. Ya decía Gamés que Monreal tenía tipo de campesino pobre pero honrado. Descontada la honestidad, a Monreal le quedan los buenos sentimientos, sin ellos no quedaría nada y entonces Liópez injertaría en pantera, uno de sus generales sin los pilares de Morena. Siempre queda la esperanza (de México) que, como dijo el clásico, nunca muere.

Pobres pero humildes

El senador David Monreal, hermano de Ricardo, explica la herencia que su padre legó a sus hijos: “De origen humilde, como era la clase del campo, pero contábamos con la superficie de la tierra”. Muy humildes, el padre de Monreal solamente era propietario de 126 hectáreas. Así son los humildes en Zacatecas, caminan y caminan por sus tierras lamentando su pobre condición hasta que caen exhaustos sin ver siquiera el final de sus terrenos.

David Monreal le responde a los reporteros e insiste en que sus tierras son tierras de pobres: “mi padre las convirtió en tierras de riego, lo que permitió acceder al tractor y a la maquinaria. Somos una familia de medianía, si me dices en comparación con la media de ahorita, como está de cruel, pues estaríamos en la medianía. Es que la riqueza ya está desproporcionada”.

A David Monreal no le falta razón, comparados con Bill Gates, los Monreal son casi pobres; comparados con Slim, ni se diga, una familia de pordioseros. Ahora mal: hay de medianías a medianías, unos más medianitos que otros medianitos, en fon, no nos desviemos: ¿qué fue primero el tractor o la gubernatura?

Gil caminó con paso de gallo gallina (una imagen de granja siempre es necesaria) sobre la duela de cedro blanco y caviló: ¿no es un poco demasiado? Tierra, más tierra, tierrota. Dinero, más dinero. Por cierto, el presupuesto de la Cuauhtémoc asciende a los 4 mil millones de pesos, pero no nos desviemos, la medianía de los Monreal es ejemplar. Es que de veras.

La máxima de Caballero de Bruix espetó dentro del ático de las frases célebres: “para hacer negocios no se requiere ingenio, basta con no tener delicadeza”.

Gil s’en va

Twitter:@GilGamesX

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