Opinión

Monólogo de sordos

 
 
 

 

Santiago Nieto

Vivimos en el absurdo lógico en el que todos tienen razón. Nadie escucha al de enfrente ni está dispuesto a ceder parte de sus proposiciones. Ya no se hace política: unos 'mayoritean' mientras los otros impiden la vía legal para que no se tomen decisiones que consideran injustas. Bien decía Descartes que no hay nada repartido de modo más equitativo que la razón, pues todo el mundo cree tener suficiente.

Santiago Nieto anunció que desistía a su oposición por la remoción de la que fue objeto. Emilio Lozoya lo demandó. Mientras tanto, el Senado estuvo pasmado sin poder definir la manera de procesar el tema del exfiscal electoral, y aún no define qué hará al respecto, pues tiene que resolver si el exfiscal tiene la prerrogativa de activar dicho mecanismo o ello corresponde a la Cámara alta, lo que parece más propio de un contrapeso democrático. Los partidos de oposición, de nuevo, tomaron la tribuna del Pleno, se ausentaron de la Junta de Coordinación Política y amenazaron con parar las deliberaciones de la Ley de Ingresos, lo que en consecuencia podría paralizar al país. El PRI quería votar en secreto alegando la tutela de la libertad de los parlamentarios; la oposición no era muy clara en sus exigencias de transparencia y en el debate no sostuvo que lo más importante para evaluar una decisión jurídica es, de entrada, elementos jurídicos para poder decidir, incluso políticamente, el sentido de su determinación. Monólogos sordos en los que con posturas irreductibles pierde la política y no impera el derecho.

¿Por qué no encontrarse a la mitad del camino? ¿Por qué no estudiar en una comisión técnica del Senado las razones jurídicas de la remoción y los méritos del exfiscal, y con base en ello votar si se ratifica o no su destitución? ¿Por qué no deliberar en lugar de votar sin ton ni son? ¿Por qué no hacerlo en público? ¿Por qué tomar la tribuna cuando no se tiene razón? ¿Por qué no estudiar a fondo si el exfiscal dijo lo que dicen que dijo? En democracia nadie gana ni pierde todo, y si no se juega con las reglas preestablecidas y se delibera, somos los representados quienes perdemos. No se dialoga, no se escucha, no se discute. Se grita y se repiten monólogos alabando razones propias y defenestrando las del otro.

Hay más soliloquios que seguiremos escuchando en este proceso electoral: la cuerda que une las resoluciones del INE y el Tribunal Electoral se sigue tensando. También en monólogo sordo, quienes acusan al Tribunal de echar para abajo las resoluciones del Instituto no entienden el desempeño orgánico de cada uno. De entrada la legislación, a pesar de su sobrerregulada y rebuscada normativa, tiene graves ausencias por parte de los legisladores; diario hay, además, permanentes violaciones de los actores políticos. Por un lado se avanza y se presume en derechos humanos, lo que supone garantizar instituciones jurídicas básicas, como el debido proceso, equidad probatoria, motivación suficiente de la autoridad que sanciona y un largo etcétera procesal y sustancial que el INE en muchas ocasiones no puede solventar por las prisas y exceso de trámites y obligaciones que tiene que cumplir. Los consejeros están sobrepasados por la información que han de procesar para el funcionamiento de comités y comisiones que deben desahogar y para construir importantes decisiones que toman en el Consejo General, lo que no les permite zanjar con todo el tiempo y tiento que exige una decisión incuestionable. Enseguida los partidos o los entes sancionados acuden al Tribunal que, también normativamente, está obligado a decidir bajo el principio de suplencia de la queja (ayudar en las deficiencias de la demanda del quejoso contra el INE) y de potenciar los derechos de quienes asisten a juicio.

Claro, puede revisarse cada sentencia del Tribunal, pero el diseño orgánico y normativo del exceso de facultades del INE, de los apretados tiempos electorales, del elevado número de asuntos y las directrices constitucionales e interamericanas a partir de las cuales tiene que decidir el Tribunal, continuarán la misma senda; no es que unos estén contra otros.

Decirlo así es también un monólogo de sordos que no escuchan las razones y causas de lo decidido y que pareciera no conocen un modelo que como Sísifo lleva a lo mismo.

Se repiten cantaletas y no se escucha. Nadie está dispuesto a usar los zapatos del otro. No asumimos diversidad, pluralidad ni tolerancia. Presenciamos el triste espectáculo de sordos que gritan cosas contrarias a otros sordos que gritan al mismo tiempo que también tienen razón.

Twitter: @salvadoronava

También te puede interesar:
Santiago Nieto
Cortes electorales
Alejándonos de la Constitución

Sign up for free