Opinión

Momento reformador

10 febrero 2014 4:17 Última actualización 26 septiembre 2013 5:2

Samuel Aguilar Solís
 
 
“Estancamiento no sólo es inmovilidad, sino acumulación de problemas, conflictos y agravios, es decir, a la larga, convulsiones y estallidos”: Octavio PazHay quienes afirman que nuestro siglo XXI está caracterizado por la indolencia, la pasividad, la indiferencia y la ausencia de ideología. Sin embargo, México es la excepción a esta premisa: vivimos un revolucionario momento reformador, coyuntura que no habrá de repetirse; que es aquí y ahora.
 
Se discute en el Congreso de la Unión una reforma financiera de 13 iniciativas con proyecto de decretos en el que se agrupan 34 ordenamientos jurídicos, entre los que destacan el fortalecimiento de las facultades de la Condusef y a las Uniones de Crédito; disposiciones para garantizar la recuperación de préstamos; la promoción de más préstamos para los sectores y comunidades por parte de los corresponsales de ahorro y crédito popular, el diseño de mejores herramientas para ampliar el acceso al crédito a través de la Banca de Desarrollo para alcanzar el crecimiento, el otorgamiento y la ejecución de garantías, nuevas disposiciones de concursos mercantiles, innovadores requisitos para las Sofomes, una nueva liquidación judicial bancaria y disposiciones para las sociedades de inversión, una nueva Ley para Regular Agrupaciones Financieras, mayores facultades a la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, entre otras.
 
Se trabaja en una reforma energética; misma que contempla la modificación de dos artículos constitucionales por lo cual deberá ser discutida también en los Congresos locales. La discusión no sólo gira en torno a la conveniencia técnica y financiera de los contratos de utilidad compartida, de la modernización de Pemex, su régimen fiscal y su reestructuración, sino que en las calles la discusión de fondo que tiene que ver con cuestiones ideológicas tales como nuestro nacionalismo.
 
Además, el pasado 8 de septiembre se presentó una reforma hacendaria, la cual contempla una reforma social que se enmarca en una Seguridad Social Universal como una reivindicación de los derechos naturales más que laborales que pasan por un seguro de desempleo y el otorgamiento de una pensión a todos los adultos de 65 años y más, aunado a la homologación del IVA en todo el país (eliminando los privilegios de la Frontera Norte que era del 11 por ciento), el pago de impuestos a las ganancias y dividendos que resulten de operaciones bursátiles, la eliminación del régimen de consolidación fiscal, del IETU y del IDE, se acotan los regímenes preferenciales, se pretende el pago de impuesto por consumir bebidas azucaradas y propone el incremento de la tasa máxima de ISR a 32 por ciento entre otras disposiciones.
 
Así las cosas vale la pena comenzar desde el principio. Una reforma es un proceso provocado con el objetivo de buscar, desde la propia supervivencia, la funcionalidad o bien la estabilidad del Estado que se pone en jaque ante los incesantes cambios de una sociedad que reconoce éxitos, fracasos o deficiencias y que además sufre cambios estructurales producto de la misma dinámica social interna y del orden global.
Una reforma es una revolución pacífica que deja importantes secuelas en el orden social y político, suponiendo cambios en instituciones, prácticas y procesos que nacen de un consenso que se convierte en voluntad para transformar.
 
Kelsen afirmó “cuándo el número de aquellos en desacuerdo con el orden imperante es mayor que el número de aquellos que están a favor, es posible un cambio”. Importantes reformas producto del Pacto por México han rendido ya frutos: la Reforma Educativa fue promulgada y la Reforma de Telecomunicaciones ha sido aprobada.
 
México deja en el pasado el postergar las reformas necesarias para alcanzar el crecimiento, para combatir la debilidad financiera, el rezago educativo, la falta de competitividad, la disminución de los niveles de desigualdad y de inseguridad. Este gobierno no rezaga la discusión, no administra los grandes problemas, no deja atrás la política, empieza por ella. La parálisis vivida desde 1997 por la falta de oficio por parte del gobierno federal para procesar gobiernos divididos en un sistema político de alternancia, competencia y pluralidad se deja atrás ante esta nueva realidad.
 
Hoy nos encontramos inmersos en una ola reformadora que deja atrás el discurso y nos provoca y nos convoca a mirar hacia adelante.
 
Es momento de enriquecer las propuestas, pero también es momento de renunciar a privilegios por un bien mayor, no podemos dar marcha atrás, la historia nos alista a participar en esta transformación.
 
Las reformas son procesos históricos que precisan de ideologías, que se nutren de movimientos políticos que se motivan de los problemas estructurales. Las Reformas que México se plantea están destinadas a darle sentido a un Proyecto de Nación.