Opinión

Molinar Horcasitas, para entender el 7 de junio

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Juan Manuela Horcasitas. (Cuartoscuro)

El jueves falleció Juan Molinar Horcasitas. No es el autor de la muerte de los niños de la guardería ABC. Tampoco fue, desgraciadamente, alguien que en el marco de esa terrible tragedia infantil haya hecho lo suficiente, creo yo, para que la investigación sobre ese incendio fuera ejemplar. Nunca fue respondido a satisfacción, por ejemplo, el por qué nombró a Carla Rochín al frente de las guarderías del IMSS y qué supervisión realizó esa funcionaria, y por ende él, de esos centros de cuidado infantil. A pesar de ello, sería injusto que a Molinar Horcasitas se le endosara LA CULPA (en mayúsculas) de lo ocurrido el 5 de junio. Es mucho más complejo.

Molinar es también, en tiempo presente, uno de los protagonistas de la alternancia mexicana. Por ello, y para ser un poco más justos con la biografía de este político y politólogo, conviene releer Regreso a Chihuahua, publicado en Nexos en marzo de 1987 (http://www.nexos.com.mx/?p=4739). Ese material, que desmenuzó el fraude electoral de Chihuahua en 1986, resulta revelador si lo usamos de barómetro con respecto a nuestros actuales procesos electorales.

En estos momentos en que de cara al 7 de junio preocupa, por un lado, la violencia en algunos comicios locales, y por otro la baja calidad de las campañas electorales; en este modelo en que nos hemos acostumbrado a escuchar “estructura” u “operación el día de las elecciones” a lo que antes llamábamos, creo que más adecuadamente, acarreo y/o compra de votos, conviene repasar este “estudio de la manipulación electoral”, como lo define el propio Molinar.

Aquí unos extractos:

“En los últimos lustros la violencia electoral ha amainado considerablemente, pero aún no abandona definitivamente el escenario político mexicano.

“A pesar de las múltiples reformas que su marco jurídico ha experimentado, la evolución del sistema electoral mexicano ha significado más centralización, complicación de procedimientos y connivencia en las prácticas ilícitas e injustas y menos descentralización, simplificación de procedimientos, coparticipación efectiva y equidad verdadera.

“Las elecciones mexicanas tampoco han sido muy exitosas como instrumento de comunicación política entre gobernantes y gobernados, ya que casi siempre ha predominado en ellas el sentido descendente (de candidatos-seguros-gobernantes hacia gobernados) y no el ascendente (de electores hacia candidatos en contienda).

“Amplios contingentes de la ‘población políticamente activa’ (Héctor Aguilar Camín dixit) parecen haber llegado recientemente a la conclusión de que esos métodos de movilización electoral les incomodan y han emprendido una campaña de revalorización de sus propios votos. En particular, la añeja denuncia del fraude electoral produce, entre los sectores de la población que desean erigirse en electores efectivos, un efecto mucho más movilizador que antes. Y es claro que ni los periodistas, ni los electores combativos, ni los activistas que los movilizan descubrieron recientemente que en México se manipulan las elecciones. Simplemente revaluaron las ventajas y desventajas del conformismo”.

Finalmente, en ese texto planteaba que “un padrón confiable (por no decir exacto, que quizá sea inalcanzable) haría demasiado evidentes y claros los esquemas de movilización del voto y manipulación de las cifras”.

Le tocaría al propio Molinar protagonizar el culmen de la alternancia desde el IFE, donde fue consejero ciudadano. Y en los años previos a su muerte, demasiado prematura, también le tocó ver lo que hemos hecho, todos, con el padrón, que sí es confiable en su esencia pero no en los usos que los partidos hacen de él: un directorio, un instrumento esencial, incluida la credencial de elector, para los esquemas clientelares que veremos “operar” dentro de dos domingos.

Ese fue, ese es, también Juan Molinar Horcasitas, el de Chihuahua.

Twitter: @SalCamarena

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