Opinión

Modelos de familia

    
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Familias (Shutterstock)

Es posible reconocer modelos de familia –más o menos estables– en las formas de comunicarse, en el tipo de relaciones que se establecen y en las reglas y sus consecuencias que organizan la vida cotidiana. Independientemente de la estructura familiar (heteroparental, homoparental, uniparental, reconstruida, extendida…), padres, madres e hijos enfrentarán elecciones sobre cómo vivir la vida cotidiana y la fuerza simbólica de estas decisiones.

En 2003, Giorgio Nardone identificó 6 modelos básicos de familia, surgidos de décadas de trabajo clínico con familias italianas, que tienen amplias semejanzas con las familias mexicanas:

1. Modelo sobreprotector: los padres (y a veces también los abuelos) ayudan a los hijos en todo lo que necesitan. Ellos dan, los hijos reciben. La madre es la responsable de educar, la pareja se desdibuja, las reglas son cambiantes, sobre todo cuando resultan muy frustrantes para los hijos y los padres son incapaces de corregirlos. La madre siempre está agotada porque es chofer, enfermera, maestra, cocinera… mientras que el padre se mantiene distante y se limita a ser proveedor material. Las capacidades de los hijos se atrofian porque no tienen responsabilidades ni retos ni pierden nunca sus privilegios.

2. Modelo democrático-permisivo: el consenso, el diálogo y los pactos son fundamentales para tomar decisiones. Deben evitarse los conflictos y buscar la armonía siempre. Todos, padres e hijos, tienen los mismos derechos. A veces los hijos buscan afuera figuras fuertes que no encuentran en sus padres, que en realidad funcionan como hermanos. Los padres renuncian a ser figuras de autoridad. Si se rompen las reglas establecidas por todos no hay consecuencias y es difícil tomar decisiones, que solo se logran por votación unánime.

3. Modelo sacrificante: basado en cumplir obligaciones y en rechazar el placer. Quien se sacrifica, aunque débil en apariencia, es quien tiene el poder, al lograr que los demás se sientan en deuda o culpables. El sacrificio es el camino para ser amado y respetado y los padres esperan retribución por parte de los hijos, a quienes mantienen por tiempo indefinido. Con frecuencia, se sienten decepcionados y resentidos, porque su entrega no es valorada. Todos deben elegir el sacrificio como modo de vida, hoy los padres, mañana los hijos. Las consecuencias son graves: problemas de adaptación social, trastornos de alimentación, fobias, depresión, psicosis y adhesión a grupos radicales.

4. Modelo intermitente: los modos de relación cambian constantemente, pasando de la sobreprotección, a la democracia permisiva, al sacrificio. Los padres son rígidos a veces y luego se arrepienten de sus posturas. Los hijos también viven en la contradicción: obedientes y luego oposicionistas; responsables y después irresponsables. Todo está en duda, los padres llevan la autocrítica a límites tales que nunca están seguros de sus decisiones ni de las reglas que establecen. La capacidad para resolver problemas en esta modelo familiar es muy pobre.

5. Modelo delegante: la pareja depende, desde el principio, de la ayuda de las familias de origen. Los niños tiene 3 o 4 padres y se establece una competencia entre padres y abuelos por la autoridad y por el amor del hijo/nieto. Todo el tiempo se dan mensajes contradictorios y suelen prevalecer las reglas de los abuelos que son quienes pasan más tiempo con los menores. Los hijos se acomodan a las reglas que más les convienen y que menos esfuerzo exigen. Los padres se pierden de momentos importantes del desarrollo de los hijos y los mensajes cruzados derivan en ansiedad.

6. Modelo autoritario: los padres (o uno de ellos) ejerce el poder sobre los hijos, impone las reglas, la disciplina y muchos castigos. La jerarquía es rígida, los hijos no pueden opinar y deben obedecer. El ambiente es tenso y orientado a evitar la ira de los padres. Las conversaciones son monólogos sin oportunidad de réplica. Los hijos manifiestan su desacuerdo enfermándose. El padre es la autoridad y la madre la mediadora. Si el hijo obedece, todo funciona; si se rebela, puede estallar la violencia con frecuentes alianzas de la madre y los hijos en contra del padre. Los hijos rebeldes en un ambiente autoritario, aprenden a mentir y buscan estar fuera de casa el mayor tiempo posible.

La organización de una familia debería depender de la edad de los hijos. Dejar que un niño de 5 años decida a qué escuela asistirá es tan absurdo como tratar a un joven de 17 como si fuera un chico de primaria. La flexibilidad (no el caos ni la intermitencia) es necesaria para modificar poco a poco algunas reglas que funcionaron con hijos pequeños pero no con adolescentes. Las familias intentan resolver problemas nuevos con soluciones viejas. Una familia funcional es capaz de establecer reglas (pocas) básicas de convivencia, no negociables, y al mismo tiempo, mantener el diálogo respetuoso. El balance entre estabilidad y cambio, es la clave.

Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa. Se dedica a la consulta privada y a dar conferencias sobre bienestar emocional.

Twitter: @valevillag

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