Opinión

Mirando a Asia

   
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Rodrigo Duterte. (Reuters)

Estas semanas la atención internacional ha estado concentrada, por obvias razones en la situación electoral en EU, en trágicos actos terroristas y en la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea. Sin embargo, en los últimos años el panorama político asiático se ha transformado y es importante no perder de vista lo que allá sucede. Han surgido personajes carismáticos que llegan al poder con partidos nuevos o de manera independiente y con propuestas con un tono antisistema. Comparten la estridencia como lenguaje y la denuncia como contenido. Parecido a lo que hace Trump u otros líderes europeos.

Hoy asume la presidencia de Filipinas Rodrigo Duterte “El Justiciero”. Duterte fue alcalde de Davao, ciudad que era conocida por sus altos índices de delincuencia, y ganó la elección presidencial en parte a su oratoria inflamatoria, pero sobre todo por combatir el crimen y la inseguridad con métodos altamente cuestionables. Se le acusa de tolerar ejecuciones extrajudiciales y propiciar ataques a periodistas o activistas sociales.

“Duterte” ha causado revuelo al proponer el regreso de la pena de muerte y un plan de recompensas para quienes acaben con los narcotraficantes, también ha prometido reformas constitucionales –que incluyen cambiar el sistema centralista por uno federal–, a fin de otorgar a las regiones musulmanas mayor poder y autonomía al pasar de provincias a estados.

Llama la atención que un candidato tan cuestionado, haya logrado ganar en un contexto de desempeño tan exitoso de la economía filipina. Las tasas de crecimiento durante la administración del presidente Benigno Aquino (2010-2016) fueron superiores a 3.5% y alcanzaron más de 7%, uno de los ritmos más acelerados de Asia. Pese a ello, el discurso “anti-establishment” de Duterte, en este caso dirigido a los partidos políticos tradicionales, a las élites económicas y al poder centralizado en Manila le permitió ganar la elección con una amplia mayoría.

En India, la democracia más grande del mundo, el primer ministro Narendra Modi que ganó las elecciones parlamentarias hace dos años gracias a su carisma entre las masas y su fama de buen administrador, no ha podido cumplir la promesa de campaña de que India sería el motor económico de la región, ni tampoco de que su administración sería más eficaz que las precedentes para resolver crisis como los precios altos de los alimentos. El premier indio mantiene una imagen atractiva para sus seguidores, pero divide todavía a la población en general. Aunque ha moderado su discurso en el gobierno, se ha identificado a Modi con la hostilidad hacia las minorías religiosas de India, específicamente los musulmanes.

Mientras tanto Indonesia consolida su régimen democrático. El presidente en turno, Joko Widowo “Jokowi”, ganó en 2014 por un escaso margen al general Subianto, yerno del exdictador Suharto. “Jokowi” ha sido el tercer presidente de la etapa democrática de Indonesia y es el primero que no surge de las filas del Ejército o de la política tradicional. Su programa de reformas estructurales se enfrenta a un menor crecimiento económico –alrededor de 5% en 2015, la tasa más baja desde 2009– y sus ambiciosos proyectos de infraestructura –como el tren de alta velocidad que unirá Yakarta con Bandung, centro de la industria textil indonesia– no se han realizado con la rapidez prometida. Como consecuencia, ha provocado un desencanto de sus simpatizantes con su administración.

Se puede poner en duda que estos líderes representen un viraje completo en la política de sus naciones, pero su ascenso sí ha provocado la rotación de elites al desplazar a las que ostentaron el poder durante varios decenios. Duterte, Modi y Widowo presumieron en campaña su cercanía con los ciudadanos, al mismo tiempo que su experiencia y eficacia probada para gobernar. Al llegar al poder como mandatarios, se enfrentan al desafío de forjar alianzas en sus respectivos congresos para seguir adelante con sus planes de gobierno, al mismo tiempo que procuran no alejarse de las bases que los llevaron al poder. Estas circunstancias no son nuevas; lo que llama la atención en Asia es que ocurra en condiciones de relativa bonanza.

Lo que ocurre en el sur de Asia era impensable hace veinte años. Hay signos de nuevos equilibrios en las relaciones entre ciudadanos, el Estado y el mercado en esa región donde se concentran las poblaciones más numerosas y las economías más dinámicas del mundo globalizado.



Twitter: @lourdesaranda

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