Opinión

¡Milagro surrealista!

17 febrero 2017 5:0
 
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Tlatlaya

Uno. El Presidente de la República, Enrique Peña Nieto, gana súbita, subida popularidad.

Dos. Sí, en efecto, André Bretón, cuando nos visitó en hora-buena, declaró a México, patria del Surrealismo (o algo por el estilo). Milagrosamente surrealista, me permito añadir.

Tres. En un contexto de impopularidad creciente, de una “insuficiencia presidencial” (reclamo la autoría del símil renal) crónica e invasiva, del tronío de la corrupción y la impunidad, de la invasión “narca” de partes del territorio nacional, del cúmulo de expedientes de gravedad suma (la Noche Nazi de Iguala al frente), de probada torpeza diplomática y signos de derrumbe priista, “Bóreas” Trump revierte el proceso.

Cuatro. El Ejecutivo Federal se pone al frente de una Nación agraviada y amenazada, perdonándosele los excesos de publirrelacionismo personal. La “insuficiencia presidencial” remite a golpes (a la inteligencia) de una publicidad electrónica gubernamental que mezcla la canción bravía (“Aquí nadie se raja”) con la Filosofía Zen (“Todos somos Uno”).

Cinco. Corrupción e impunidad pasan a segundo término.

Seis. Nos acostumbramos a las ejecuciones a la luz del día (¿atractivo turístico extremo?), “levantados” y desmembrados. Se archivan los expedientes de Tlatlaya y demás, comprobándose en el caso de los desaparecidos de Ayotzinapa la deliberada “administración” del laberinto.

Siete. Y el PRI a lo mejor gana el Estado de México y se mantiene, de 2018 a 2024, en Los Pinos (Palacio Nacional, ya se sabe, acabó en Museo y Salón de Fiestas Oficiales).

Ocho. Dura prueba, es verdad, de tan asombroso panorama del milagro surrealista, se presentaron las filtraciones de la charla telefónica entre los mandatarios de México y Estados Unidos. Todo un enredo. ¿Filtraciones? Por supuesto. ¿Para qué llamar al pan vino y vino al pan?

Nueve. Parecía que se derrumbaba el idilio que iba armándose día a día. Con el gabinete. Con la CONAGO. Con las Cámaras, legislativas, industriales y comerciales. Con quien se pusiera enfrente. Idilio al que ni siquiera rasguñó el ir y venir de dimes y diretes entre el Gobierno de Veracruz y la Secretaría de Salud, sobre las pruebas, o no, de brutales fraudes en medicamentos y tratamientos de cáncer.

Diez. ¿Y en verdad Donald Trump amenazó con invadir México, en cinematográfica persecución de los Bad Man? Persecución, me imagino fácilmente, que la población norteamericana, la abstemia y la adicta (la que quedará ansiosa detrás del muro), seguiría a través de la televisión, a control remoto, y los “tuiters” del Comandante en Jefe, un general Pershing (el de la “invasión punitiva”) copetón y sobrado de peso.

Once. En lo que estaba: el milagro surrealista. Igualmente, lo de las “filtraciones” pasó a segundo término. En Estados Unidos, su presidente truena ya no sólo contra México sino contra el planeta, sus Universidades, su poder judicial y victimiza, en audacia de “reality show”, al Imperio.

Doce. Aquí, el presidente mexicano, salvados los escollos, no pierde ocasión de promover, como mérito personal, la defensa de la patria, tarea que su función dicta y obliga. So pena de desacato histórico o de traición.

Nueve. ¿Veremos al Secretario de Relaciones Exteriores, no hace mucho tendido en la lona, mudarse en candidato presidencial del PRI? ¿Y ganar las elecciones? Así andan las cosas en la República.

Diez. Y gran remate del milagro pareció pensarse la marcha por Reforma del domingo 12 de febrero. Aunque se frustró por varias causas. A “Vibrar México” de salió al paso “Mexicanos Unidos”. Comparada con aquella Contra la Violencia en la que marchamos por lo menos casi medio millón de capitalinos hasta la madre, la del 12 habrá llegado a lo sumo a 20,000. Y la consiga Anti-Trump se vio empañada por la consigna Anti-Peña Nieto.

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