Opinión

Miguel Mancera,
gestión a medias

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El jefe de Gobierno, Moguel Ángel Mancera, durante su tercer informe de gobierno. (Cuartoscuro)

Miguel Ángel Mancera se ha vuelto experto en desperdiciar oportunidades. Este jueves lo hizo de nuevo.

En manos de Morena la Asamblea Legislativa modificó el formato del informe para obligar al jefe de Gobierno a escuchar a los diputados. Así sucedió ayer, pero en vez de intentar un genuino ejercicio de debate, en vez de al menos contestar puntualmente a los pocos cuestionamientos concretos que recibió, el gobernante capitalino dejó pasar la ocasión, cumplió en las formas, simuló en el fondo.

El Tercer Informe de Gobierno de la ciudad de México provocó bostezos por doquier en Donceles. Tedio ante farragosos posicionamientos de bancadas que nada sustancial dijeron. Que quede claro que a los partidos Humanista, Nueva Alianza, del Trabajo y Verde Ecologista no les interesaba que los escuchara el jefe de Gobierno. Así que, congruentes, poco expresaron en la tribuna.

De lo que en su turno dijeron tanto el Revolucionario Institucional como Acción Nacional, podría concederse que intentaron un renovado tono opositor, salvo que los personajes que posicionaron los mensajes
–Adrián Rubalcava y Jorge Romero— carecen de credibilidad luego de sus múltiples escándalos y respectivas gestiones delegacionales. Juran que no hay memoria.

Como nuevo mandamás de la Asamblea que es, tocó a Morena cerrar los posicionamientos. El partido de Andrés Manuel hizo bueno el pronóstico de ponerle el cascabel al gato.

No todo es de color rosa en el Distrito Federal, dijo a Mancera el líder de la bancada morenista César Cravioto, quien reclamó una discusión sobre el tipo de ciudad que se quiere, corregir atrasos en atención a adultos mayores, un verdadero presupuesto de austeridad, cancelar lo que llamó la represión de la protesta –incluido desaparecer el cuerpo de granaderos– y no hacer obra sin consulta vecinal vinculante. A pesar de las duras críticas, Morena no protagonizó exabrupto alguno. Al menos no por ayer.

Con ese preámbulo, Miguel Mancera tenía la mesa puesta para dar un mensaje contundente, que trazara alguna gran línea para la segunda parte de su periodo, para contestar el cuestionamiento general en Donceles –que la inseguridad es de nuevo un tema de preocupación en la capital–, para que respondiera a los vecinos agraviados por decisiones oscuras y/o unilaterales, para que diera tranquilidad sobre casos polémicos como el Corredor Chapultepec o los asesinatos de la Narvarte.

Todos esos temas tocó Mancera en su mensaje, pero ninguno de ellos despejó. ¿Qué le pasa a Mancera? ¿Por qué no intentó comunicarse, dejar un mensaje interesante, refrendar la confianza?

Y no es que al jefe de Gobierno hubiera llegado a la Asamblea carente de recursos o iniciativas. Al contrario. Algo sabe del descontento vecinal que incluso entregó de inmediato una iniciativa para reformar el artículo 41 y 42 de la Ley de Desarrollo Urbano, y propuso a los diputados la redacción de una renovada ley en esa materia.

Tan importantes anuncios los hizo como de paso, como para cumplir. Sin apelar a los colectivos vecinales que durante meses le han reclamado abusos de inmobiliarios y complicidad de diputados, delegados y autoridades verificadoras. Se dijo preocupado por los asesinatos de la Narvarte pero su procurador perdió toda la mañana en Donceles, donde nada tenía que hacer.

Mancera parece atrapado, a mitad del camino en algo que él mismo ayer formularía en una frase reveladora: “No pienso frenar el desarrollo ni tampoco dejar sola a la ciudadanía de ninguna manera”.

¿Podrá Mancera conciliar el desarrollo con los legítimos reclamos ciudadanos? O, como ayer, ¿se limitará a cumplir en la forma pero no en el fondo?

Mancera a medias, la marca de la casa.

Twitter: @SalCamarena

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