Pobre Veracruz
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Pobre Veracruz

17/08/2018

Una más. Ni me asombro ni me espanto.

Ser parte del Veracruz, como jugador, directivo o entrenador en estos tiempos, debe obedecer a dos cosas fundamentalmente: las ganas de ser visto en el máximo circuito (léase necesidad) o verdadero amor al Puerto.

Cada quien, pero trabajar ahí debe ser una experiencia, particular, por llamarlo de alguna manera, y quienes intentan justificar a Fidel Kuri estableciendo que así ha sido siempre, se equivocan, igual y como se equivoca la Liga MX al hacerse de la vista gorda ante todo lo que sucede con el equipo y las sanciones impuestas a su presidente, esas mismas que luego les cuento por dónde se las pasa.

¡Pobre equipo! Y qué tristeza genera ver una afición que compara sus niveles de fidelidad con los de frustración e impotencia después de tantos años con directivos que no han abonado a la construcción social y deportiva de lo que debe representar un equipo de futbol; todo lo contrario: un club lastimado y utilizado para fines personales sin importarles absolutamente nada.

A eso me refería en mi colaboración del pasado martes, donde establecía que al futbol en general, desde las oficinas, cancha y tribunas, le hacía falta mayor educación.

Sin duda en Veracruz, merecen algo mejor.

Y luego está el tema de los dobles contratos que, cuando se toca, vienen los dobles discursos y las dobles posturas. Le sumamos el no descenso, el mismo sistema de explotación comercial de la Selección, una Liga que prioriza la presencia de extranjeros ante el mexicano, etcétera, etcétera, y entendemos por qué estamos donde estamos y cómo estamos como futbol en general, donde se mueven cosas, pero no se avanza. Donde se generan cambios, pero no cambia de fondo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.