De México y el mexicanismo de México
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De México y el mexicanismo de México

05/06/2018

Podríamos pensar que a diez días de iniciar el Mundial casi nada es lo que parece salvo contadas excepciones como Brasil, Alemania, España y Argentina, equipos que compiten casi siempre hasta las últimas instancias. De los demás podemos esperar casi cualquier cosa, caben la mayoría de los escenarios porque los mundiales así son: sorpresivos y México no es la excepción, menos en estos tiempos rotantes y cambiantes.

Queda un ensayo más antes de enfrentar al campeón del mundo y no hay nada que me haga cambiar de opinión: todas las cosas buenas que sucedan serán gracias a la capacidad de los jugadores, y usted podrá decirme que en la mayoría de los casos sucede así, ya que son los que ejecutan todo lo que se planea en la semana, pero en esos tiempos nada nos asegura que lo que se planea y trabaja en los días previos al juego es lo correcto, y eso sí es absoluta responsabilidad del entrenador que entre muchas otras obligaciones, está la de darle certeza táctica y confianza a sus dirigidos: saber qué hacer y cómo hacerlo; y es ahí donde radican las dudas, miedos y donde se agrupa la enorme molestia y coraje del aficionado que, no ve nada claro.

Hoy, sólo queda confiar en que lo que piensa Osorio no sea tan confuso y nebuloso como lo hace ver incluso con la lista definitiva, quedándose con un solo recuperador natural como Jonathan dos Santos. Eliminó a Molina, Gutiérrez y no quiso al Gallito Vázquez por ser chaparrito. Le sucedió en Copa Confederaciones y hoy vuelve a lo mismo. Parece una nómina desnivelada, pero repito, sólo queda confiar; confiar en que el jugador mexicano saque ese sentido de combatividad que muestra en esta clase de torneos. Confiar en el talento y en el correcto manejo de las emociones… Confiar, confiar y confiar hasta que la realidad nos tope de frente, cualquiera que sea.

Y de realidades tristes, oscuras, tensas y crudas, la del mexicanísimo Guadalajara.

Dije lo que pensaba en mi colaboración del viernes, y sin importar la penosísima conferencia de prensa del día domingo, sigo pensando lo mismo: Chivas es un desmadre y su futuro luce muy mal.

Lo mejor que podría sucederle a este equipo es que cambiara de manos, a unas que le ofrezcan mayor suavidad en el manejo administrativo, menos sentido de antagonismo y mayor certeza deportiva a sus jugadores. Que vuelva a ser el equipo donde todo mexicano quiere jugar, no un equipo al que le huyen, como sucede hoy en día.

¡He dicho!

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.