Bonita pareja
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Bonita pareja

09/05/2018

Pocas cosas se le reconocen a Billy Álvarez como mandamás de Cruz Azul, y no es que exista mala fe en el juicio, pero a fuerza de ser sincero, hay más historias de fracaso que de éxito en su larguísima gestión.

Sin embargo, esto podría cambiar en el futuro cercano con la llegada de Ricardo Peláez como el cerebro deportivo del club, y podría ser por muchas razones.

Primero porque Peláez es un directivo que ejerce sus derechos en la toma de decisiones; le gusta manejarse de forma autónoma y sus procedimientos de trabajo se ejecutan de manera estricta. Está lejano a ser una figura decorativa o un simple puente de comunicación entre la silla mayor y los que trabajan en el campo de juego.

Con él no vendrán imposiciones del promotor de cabecera, ese que el mismo Guillermo Álvarez calificó como una “leyenda urbana”. Cada jugador que salga y entre pasará por el escritorio de su nuevo director deportivo. Su llegada hace suponer que quienes manden, ya sea padre o hijo, tendrán que respetar la palabra, el pensamiento y la visión de quien llega.

El aficionado celeste deberá ser paciente: Ricardo Peláez no llega con varita ni con actos sorprendentes de magia que hagan cambiar la historia de la noche a la mañana

El aficionado celeste deberá ser paciente: Ricardo Peláez no llega con varita ni con actos sorprendentes de magia que hagan cambiar la historia de la noche a la mañana, pero deberá tener certeza que cada movimiento que se haga tendrá una razón, una explicación y una justificación deportiva, y cuando las ideas bien fundamentadas pasan al perfecto proceso de ejecución, las cosas están más cercanas a dejar resultados positivos.

Cruz Azul ha hecho la mejor contratación en años al elegir a alguien que mande, que dé órdenes en lugar de recibirlas; que cuestione más de lo que palomee, que hable, que exija, que incomode y, sobre todo, que decida.

La presencia de alguien así era urgente en ese club en dos vías: primero, porque con esto se deja muy en claro que Hurtado dejará de elegir jugadores a su total antojo; segundo, porque se hace con el tiempo necesario para planear, como se debe, un nuevo torneo.

Cruz Azul y Peláez son polos opuestos, tan opuestos en su historial reciente que se atraen.

Bonita pareja, dirían algunos...

¡He dicho!

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.