Opinión

Mientras tanto, ¿quién nos protege?

Son distintos los índices internacionales que lo indican y no pocas muestras de ello en diversos medios. Uno de ellos es la más reciente encuesta dada a conocer por El Universal. Para la mayoría de los mexicanos, el problema número uno dejó de ser la inseguridad y ahora es el desempleo.

Ojalá y así sea ya que están muy alejados entre sí los riesgos de ser asesinado a quedar sin la quincena. Admitamos que esté bajando la inseguridad. ¿Esto es parejo? No es lo mismo vivir en Morelos que en Yucatán. Mérida es considerada la ciudad más segura del país, Cuernavaca está entre las que dan miedo.

Si bien los actuales planes federales instrumentados para bajar los delitos parecen marchar por el camino de la eficacia, habrá que tomar en cuenta uno de los eslabones sustantivos de la cadena criminal que más se niega a ceder su peligrosidad. Se trata de la policía. Es bien conocido el empeño en depurar los cuerpos policíacos, pero bien vale la pena preguntarnos a dónde van los así depurados. Sólo en las dos últimas semanas han sido puestos en la calle un total de 344 provenientes de los estados de Guerrero, Tamaulipas, Distrito Fedral, Tabasco, Oaxaca, Sinaloa e Hidalgo. Veamos el caso en el Edomex: 82 policías municipales de Tlalnepantla fueron dados de baja al no haber aprobado los exámenes de control de confianza. Es decir, fueron reprobados por “factores de riesgo”: presentaron documentación falsa, consumen drogas, están implicados en actos de corrupción o formaban parte de la delincuencia organizada. De esos 82 policías, 52 fueron suspendidos de sus cargos sin goce de sueldo y serán cesados los otros 30.

De manera ejemplar, en el Distrito Federal fue sustituido el jefe Aquiles, responsable de siete agrupamientos entre los que sobresalen Fuerza de Tarea, Relámpago y granaderos.

¿A dónde van a ir a parar esos individuos; cómo llegaron a vestir el uniforme que debiera darnos confianza y seguridad; los corruptos y delincuentes se van a sus casas o ingresarán a otro cuerpo policíaco en alguna otra parte?

¿Y los que pretendían pasar documentación falsa? Sabemos que las cárceles del país están saturadas; nadie ignora la dificilísima tarea de redención que supondría tratar caso por caso ya que en un total aproximado, en lo que va del año, se han cesado aquí y allá, en todo el país, cerca de siete mil personas, hombres y mujeres que han sido separados de diferentes cuerpos de seguridad.

¿Dónde están, qué hacen, quién y cómo los readaptarán?


Entre ellos, ¿cuántos son irredimibles; seguirán abusando y delinquiendo?

Es clarísimo que la Federación está haciendo un sostenido esfuerzo por fortalecer la prevención de ese cáncer que se fue gestando durante decenios en los que hubo un crecimiento desbordado de la población y una disminución notable de los sistemas educativos y de reparto del bienestar.

Veamos una sola comparación: en 1970, cuando hubo censo, España tenía 44 millones de habitantes, México tenía casi 77. Hoy España tiene 45 millones y nosotros formamos un conglomerado de 116 millones de habitantes con necesidades, de todo tipo, cada vez mayores; incluida la seguridad, educación, vivienda, transporte, etcétera.

España tiene una policía de más de 150 mil elementos y México de apenas 36 mil individuos. Bien sabemos que no todos los 2 mil 445 municipios cuentan con uniformados y en muchos otros, ni armas ni balas, sólo garrotes.

No hablemos de los ministerios públicos ni de los jueces. Mejor veamos que ya son nueve estados en los que se han instrumentado los juicios orales y en otros 19 se encuentran en diferentes etapas.

Mientras tanto, mientras el sistema de seguridad penal se transforma, ¿qué hacemos para protegernos?