Opinión

Miedo al compromiso

Aunque suene a cliché, es una descripción que define en gran medida mi relación con el mundo.

Me da miedo firmar contratos, hacer las mismas cosas durante demasiado tiempo, tejer vínculos y lealtades que por alguna misteriosa razón, se me convierten en asfixia y en obligación.

Parezco hippie trasnochada viviendo mi vida como si la libertad fuera lo único que puede hacerme sentir feliz. He sido más libre que la mayoría de las mujeres que conozco pero tampoco diría que ha sido la clave para mi bienestar. La libertad también cansa y termino preguntándome si ha valido la pena abandonar tantos planes e ilusiones, con tal de hacer lo que me da la gana.

–Laura relata haber sido testigo de una relación poco amorosa entre sus padres. Nunca entendió por qué siguieron juntos, más allá de la obligación. Tampoco la quisieron demasiado y se limitaron a ser responsables con ella. Inconscientemente ha querido compensar el sometimiento de su madre que fue incapaz de irse a buscar su felicidad, con su búsqueda frenética que se ha convertido en inestabilidad emocional.

Me cambié de carrera dos veces. Podrían haber sido tres, pero mi padre me amenazó con no apoyarme más si seguía brincando de “vocación”. Primero literatura latinoamericana, luego filosofía, y finalmente diseño industrial. Me aburría y dejaba todo a medias. Finalmente terminé diseño, en parte porque ya tenía 24 años y sentía que me estaba quedando rezagada. Todos mis amigos se graduaban mientras yo seguía en la duda existencial sobre a qué dedicarme.

He tenido decenas (en serio decenas) de trabajos. Me ha ido bien a pesar de mi falta de apego y de compromiso. A la vuelta de un año quiero novedad. Siento que no crezco, me comienzan a caer mal mis jefes, los compañeros, todo. Tengo un mecanismo súper perfeccionado para quitarle el brillo y el esplendor a lo que sea; una gran oportunidad profesional se convierte en nada y decido huir.

Tengo 35 años y sigo buscando algo que probablemente no existe.

Con mis parejas también he sido así. Me he enamorado perdidamente muchas veces. Ya nadie me cree cuando digo que ahora sí conocí al hombre de mi vida, porque saben que unos meses después se me convertirá en alguien insufrible y sólo seré capaz de ver sus defectos hasta que la relación se deteriore. Siempre encuentro pretextos frívolos para terminar relaciones amorosas: no me gusta la música que escucha, no lee libros importantes sino libritos basura, se ríe de cosas tan insulsas que yo no debería estar con alguien así, tiene amigos con los que no se puede hablar de nada interesante, su falta de amor, su exceso de amor, la chamarra horrible que se pone todos los sábados. Cualquier cosa puede detonar en mí el deseo de irme, de terminar. Y lo hago una y otra vez desde la impulsividad y la falta de reflexión. Sin darme cuenta, dejé ir amores importantes. Me siento muy sola.

–El miedo al compromiso se manifiesta en Laura sobre todo en el trabajo y en sus relaciones personales. Parece estar encubriendo una carencia más profunda que “resuelve” abandonando. El miedo inconsciente de Laura es no recibir el amor que le ha faltado. La sensación de vacío que caracteriza su mundo interno, la hace buscar en los cambios y en las novedades, un estallido de adrenalina que la saque del tedio. El aburrimiento es en el fondo incapacidad para estar sola y contenta. Por eso culpa a los trabajos y a las parejas de su infelicidad, pero el vacío no se llena con nada más que desarrollando un yo autónomo y fuerte. Hasta que deje de proyectar sus carencias en lo externo y las asuma, podrá resolverlas y ser capaz de vincularse de forma estable y gratificante.


Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa.
Conferencista en temas de salud mental.

Correo: valevillag@gmail.com

Twitter: @valevillag