Opinión

Microfinanzas con enfoque de género: necesidad inminente para practicantes y operadores

10 febrero 2014 4:31 Última actualización 03 septiembre 2013 5:50

 
Isabel Cruz Hernández
 
 
En prácticamente todos los programas y estrategias de combate a la pobreza es un imperativo adoptar un enfoque de género. Las microfinanzas no escapan a esta necesidad debido a que la mujer padece los niveles de pobreza más profundos en relación con el género masculino, ya sea  por motivos de exclusión social, barreras para el acceso a recursos y educación, entre muchas otras variables, pero también porque es un actor clave para las políticas al ser ella, el eje del crecimiento y desarrollo de la familia.
 
 
Estudios rigurosos han mostrado que los hijos de mujeres mejor educadas y con acceso a recursos, alcanzan mayor grado de estudios y son mejor alimentados por sus madres, por ende son más productivos y tienen más posibilidades de romper trampas de pobreza. En cambio, si la mujer permanece subsumida en el rezago educativo, nutricional y de recursos, sus hijos tienen una alta probabilidad de reproducir la marginación de su familia nuclear.
 
 
En el caso de las microfinanzas sucede un hecho similar, toda vez que las evaluaciones de impacto, como por ejemplo las que se realizaron con el microcrédito del Banco Grameen en Bangladesh, mostraron una diferencia significativa en la compra de bienes durables para el hogar, la cual resultaba mayor cuando el crédito era entregado a las mujeres, en relación con los créditos que se otorgaban a los hombres. Estudios similares en África y Asia han mostrado que entre las mujeres con acceso al crédito, se han incrementado los índices de escolaridad de tiempo completo en los hijos. O bien, hay casos documentados en los que la mujer que tiene ahorro y acceso a financiamiento, decide prolongar la decisión de contraer matrimonio o bien, reduce la cantidad de hijos que desea procrear.
 
 
Es decir, un sinnúmero de fenómenos en beneficio del bienestar de la mujer ocurren cuando se eliminan barreras sociales y económicas; sin embargo, todavía existen derroteros importantes para las microfinanzas en cuanto al enfoque de género y sus impactos. En seguida se explican las razones para señalarlo. 
 
 
Por un lado, al cierre del año 2010, las mujeres representaron, de acuerdo al CGAP[2], el 82% de los clientes de las microfinanzas. A pesar de que son una masa crítica importante para la viabilidad de las instituciones de microfinanzas, poco se han modificado las condiciones de pobreza. Por otro lado, una muestra de noventa evaluaciones de desempeño social, implementadas por el Foro Latinoamericano y del Caribe de Finanzas Rurales (Forolacfr) entre los años 2009 y 2011, en países como Bolivia, Brasil, Guatemala, México, Nicaragua, Perú, entre otros; mostraron que sólo el 44% de las instituciones financieras evaluadas, aun cuando declararon contar con un enfoque de género, tuvieron buen desempeño con sus clientas. Los indicadores sobresalientes se encontraron en que las instituciones desarrollaban herramientas y mecanismos  efectivos para ubicar a la población meta y darle acceso a los servicios de la institución; sin embargo, una vez cumplida la fase de ingreso, los impactos fueron débiles.
 
 
Dentro de los análisis realizados por Forolacfr, se observó que el bajo desempeño se debía a productos financieros poco adaptados a las necesidades de la mujer, escasez de métodos de atención sobre todo hacia la mujer rural, el personal de la institución financiera estaba poco capacitado y motivado para lograr un impacto en género, había escasa retroalimentación entre el personal de la institución financiera y sus clientas, un bajo nivel de innovación en productos financieros, poca oferta de servicios no financieros (educación o asesoría); inclusive, pocas o nulas políticas laborales de las instituciones financieras con las empleadas del género femenino.
 
 
Por el contrario, aquellas instituciones que sobresalieron, contaban con métodos y productos especialmente diseñados para las mujeres, talleres de educación que rebasaban la frontera de los temas financieros para incluir formación en nutrición, salud preventiva y reproductiva, derechos; políticas de responsabilidad social con empleadas, es decir, los efectos contrarios.
 
 
Así, el contraste entre una estadística que muestra una enorme proporción de mujeres clientes de las microfinanzas y, por otra, bajos impactos, abren un apetito para explorar y sistematizar las mejores prácticas microfinancieras con impacto en género, desde la perspectiva económica, pero también desde la social y la psicológica.
 
 
Además, profundizar en el diseño y adopción de métodos, productos y servicios financieros; así como una formación de los practicantes de microfinanzas en materia de género, evitará el riesgo de trivializar la solución con una buena focalización y a partir de ello, mantener altas cuotas de clientes mujeres, lo cual, si bien puede ser una condición necesaria, definitivamente no ha sido suficiente para lograr el desarrollo pleno e integral de la mujer.
 
 
email: isacruz@prodigy.net.mx
 
 
Asociación Mexicana de Uniones de Crédito del Sector Social, A.C.