Opinión

Michael Kors y Gucci vs. Alibaba

 
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No es noticia que Alibaba es la plataforma china de comercio electrónico que trafica con el mayor número de falsificaciones e imitaciones de productos distinguidos con marcas famosas, llegando la estimación de sus operaciones ilícitas al equivalente al 10% de las ventas totales de las marcas originales. De hecho, este mismo reclamo se dirige a sitios como Amazon, e-Bay y Mercado Libre, que parecerían solo diferir en que al no operar originariamente en China, sus volúmenes de transacciones de productos pirata son menores.

Lo que sí es noticia, es que en el seno de la más importante organización antipiratería que existe en el mundo, la International AntiCounterfeiting Coalition (IACC), dos de los principales miembros, dueños de marcas tan poderosas y falsificadas como Michael Kors y Gucci, abandonaron la Organización como reacción a la reciente admisión de Alibaba, al que han definido como “su más peligroso y dañino enemigo”. En respuesta, la IACC suspendió la habilitación de Alibaba como miembro, a fin de reconsiderar todo el asunto.

Más allá de lo que la IACC decida para conciliar los intereses de sus afiliados, en este novedoso capítulo de “durmiendo con el enemigo”, el conflicto actualiza la discusión sobre la responsabilidad de las plataformas de comercio que promueven o facilitan la venta de productos falsificados, y que en países con alta incidencia de piratería amenaza con salirse de control. No es un dato menor que Amazon vende en épocas decembrinas un promedio diario superior a 5 millones de artículos, lo que supera sensiblemente a cualquier cadena de autoservicio tradicional. No se trata, en consecuencia, de limitar o coartar las libertades de las nuevas formas de comercio, sino de beneficiarlas impulsando la sana competencia y el respeto a los derechos de los consumidores.

El repudio de los demás miembros tradicionales de la IACC a Alibaba, es un fiel reflejo de la postura que muchos definen como ambivalente del gobierno chino, que por un lado promulga nuevas leyes para combatir falsificaciones, y por el otro parece no emprender acciones concretas para desmontar la enorme infraestructura para su producción y exportación en grandes volúmenes. Ese es el sentir respecto de los tibios esfuerzos que diversos sitios de internet de este tipo ofrecen como remedio a la presencia de productos ilegales en sus canales, que proclaman estar abiertos a eliminar las copias a partir del reclamo documentado de un titular de marcas, pero ofreciendo muy escasos resultados en la práctica.

Bajo cualquier perspectiva, parecería que la mejor alternativa para activar consensos es la de alentar la participación de estas plataformas de comercio electrónico en foros en los que la problemática pueda ser planteada, bajo el constructivo enfoque de que no se trata de una cuestión “ética”, sino que es resultado de una evidente ausencia de leyes que empoderen a los propietarios de marcas famosas para actuar en defensa de sus intereses.

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