Opinión

Mi problema de forma con el “fondo”

 
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Ciudadanos emiten su voto en la Ciudad de México

Uno. Escribo cuando los medios, impresos y electrónicos, recuentan ya con precisión los datos “duros” de la jornada del 5 de junio.

Dos. En resumidas cuentas: a) el desastre priista (un PRI que sigue negando la cruz de su parroquia: la Revolución); b) las nupcias, ideológicamente monstruosas, del PAN con el PRD; c) la milésima versión cainita en la hermandad de la “izquierda”; y d) el mal cálculo (abrumadora abstención electoral) del caso capitalino.

Tres. Un Constituyente que no lo es, y una Constitución que pudo resolverse por otras vías jurídicas (si es que, en verdad, están en peligro de esfumarse las conquistas de derechos de las minorías, en una Ciudad que se debate entre el colapso urbano y la falta de gobierno).

Cuatro. Dos veces he planteado, por escrito, respetuosamente, al Director General de Fondo de Cultura Económica, el amigo maestro José Carreño Carlón, la publicación de mi libro Navaja, en versión corregida y aumentada, a los 25 años de su edad. Por supuesto que le tengo el ojo puesto a la colección benemérita Letras Mexicanas.

Cinco. La primera respuesta, vía correo electrónico, signado por el Director Editorial, luego cesado en sus funciones, me puso al tanto de que, amén de problemas presupuestales, el FCE no reeditaba títulos de otros sellos.

Seis. Lo anterior acompañado de comentarios, del todo extemporáneos, sobre Navaja, cuyos cortes, reargüí, ya estaban asestados.

Siete. Sin dar por entera la respuesta, opté por incluir una selección de materiales de Navaja en un Blog que lanzamos un grupo de amigos: “Puño electrónico”. La reacción me ha sorprendido.

Ocho. Aunque experimental, pero con un diseño de página de primer orden, con una oferta de diversas secciones (la selección de Navaja una de ellas), el promedio de visitas es en verdad notable.

Nueve. El breve texto, estampa mejor dicho, “Anónima crónica”, versión contra-factual de la batalla lacustre de Tenochtitlán, resuelta a favor de los sitiados, nuestros ancestros tenochcas, no para de diseminarse.

Diez. Si bien, reconozco, todavía ni de lejos, tornarse “viral” como nos ocurrió no hace mucho con el video “Perrea un libro”, fenómeno todavía no asimilado institucionalmente de veintitrés millones de “impactos” y conexión de dieciocho países.

Once. No habiendo dado por buena, en mi fuero interno, la primera respuesta, e influido por el efecto electrónico de Navaja, a raíz de la crisis con la Dirección Editorial del FCE, arme la segunda solicitud, de la que también tengo acuse de recibo.

Doce. En mi concepto del Derecho de Audiencia, con el que tanto lidié en mi época de político universitario en la Coordinación de Difusión Cultural y en el Instituto de Investigaciones Filológicas, imaginé dos vías posibles de contestación a mi reiterada solicitud. Sea cual fuere su sentido. Que desde luego acataré.

Doce. O del propio Director General, a quien en ambas ocasiones me dirigí. O del Comité Editorial de la Colección Letras Mexicanas.

Trece. En vista de no haber recibido ni una ni otra, me atrevo a hablar de “mi problema de forma con el ‘Fondo’”. Sigo aguardando.

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