Opinión

Mi maquillaje

Cada mañana, alrededor de las 6:35 a.m., una maquillista entra a mi oficina y me aplica una serie de cremas, maquillajes y polvos que harán que mi cara no luzca brillosa frente a las cámaras de TV. Ignoro qué marca utiliza; porque mientras me los administra echo un ojo a las noticias. Recuerdo que años atrás las maquillistas utilizaban en mí, marcas como Bobbi Brown, y que en varias ocasiones tuve que maquillarme por cuenta propia. Es una actividad retadora: cremas, polvos y algodoncillos...

Admiro dos cosas del mundo del maquillaje: la dedicación y esmero de quienes día con día los usan para dar una mejor cara; y la gran industria que se ha creado alrededor de estos productos.

Corporaciones como Mary Kay, L’Oreal, Natura, Avon, y marcas como Mac o la propia La Mer dan cuenta de que el juego en esta industria es de estrategias globales.

Por eso llama poderosamente la atención el “statement” que ha hecho la poderosa revista Vanity Fair en su número actual, en el que se presentan los retratos fotográficos de varias celebridades globales sin utilizar una gota de maquillaje. ¿Quiénes? Scarlet Johanson, Brad Pitt, Kate Winslet, Ophra Winfrey…

¿Por qué es tan relevante el mensaje? Porque podríamos estar atestiguando el inicio de una nueva tendencia para enfatizar la belleza natural de los seres humanos y, con ello, la recontextualización potencial de una industria de proporciones gigantes que ha sido rentable gracias a valores entendidos durante décadas.

Esta no es la primera vez que aparece en el escenario la idea de que la belleza natural es superior a la que está detrás de tres o cuatro capas de polvos y cremas. De hecho han corrido campañas publicitarias que se intersectan con esta nueva tendencia, como la del jabón Dove, que acentuaba la belleza de las mujeres de edad y/o con cierto nivel de sobrepeso. No obstante, lo destacable de este episodio es que la línea discursiva de la belleza natural parece haber entrado a los criterios editoriales del mainstream de los medios globales, lo que representa un replanteamiento muy importante respecto de los atributos típicos con los que se priorizaban temas y se desplegaban en portadas o espacios de relevancia.

No creo que L’Oreal esté muy contento con esta portada de Vanity Fair.

Como tampoco creo que lo estén sus competidoras. Lo que sí creo es que veremos más de esto: más presencia en los medios de comunicación preponderantes de acentos que nos dirán que el maquillaje sólo lo necesitamos cuando lo necesitamos… y no más.

El día de hoy L’Oreal reportará sus cifras anuales para 2013. Cada mes esta corporación factura una cifra cercana a los 2 mil millones de euros. Su poderío es gigante… ¿Hasta ahora?

Twitter: @SOYCarlosMota