Opinión

Mi deber

Recordando un escrito que leí hace algún tiempo, me encontré reflexionando respecto los sentimientos de los hombres ante diversas situaciones; sentimientos que nos hacen analizar y actuar en consecuencia; el amor es alguno de ellos que me viene en mente y que es exclusivo de aquellas personas que decidieron caer en el encanto de tan preciado sentimiento y actuar conforme su instinto lo ha exigido, para dar paso a lo mejor de la esencia del hombre.

Pero también existe la nada en el ámbito de los sentimientos, es decir, la ausencia y carencia total de sentimiento alguno y en consecuencia la omisión de toda acción y reacción ante cualquier acontecimiento que permite el empobrecimiento del espíritu, y que termina por enfriar todo aquello que encuentra a su paso.

Y esa reflexión me llevó a considerar la situación actual en la que nos encontramos los mexicanos, la disyuntiva ante la que nos enfrentamos al momento de estar ante acontecimientos que inminentemente lesionan el estado de derecho que debe imperar en nuestro país, es decir, cuál es la mejor opción, cuál es el sentimiento adecuado que debemos adoptar, o mejor aún, cuál es nuestro deber como ciudadano.

En recientes días, hemos estado envueltos ante noticias de violencia que han azotado al estado de Tamaulipas, y de ello ha existido una evidente protesta de la ciudadanía, que al haber visto trastocada su tranquilidad, ha decidido alzar la voz para para que sus demandas de paz y tranquilidad sean escuchadas y atendidas.

Pero no sólo en ello debe caer nuestra responsabilidad como ciudadanos, es decir, sin duda alguna hay que alzar la voz para que las autoridades adviertan el problema y el descontento del pueblo ante ello, pero además, nuestra participación debe ser activa y asertiva, es decir, se requiere de una participación ciudadana efectiva que permita allegarle a las autoridades de elementos para que puedan darle solución al conflicto que se ha generado.

No debemos caer en el soslayo, no debemos tratar el problema de inseguridad como algo a tratarse de manera superficial y por encima, que no permita profundizar en él, y sólo porque el compromiso de actuar de manera exhaustiva implique una molestia ante quien inicie la acción.

No basta con alzar la voz, va siendo hora de involucrarnos y coadyuvar con las autoridades, porque la denuncia es importante, porque la denuncia siempre será una herramienta que delate a números reales la situación actual en el país.

No debe existir miedo ante la denuncia, ya que para ella existen diversas modalidades que incluso permite que sea anónima. No debemos dejar de alzar la voz ante lo que trastoca nuestra calidad de vida y la integridad de nuestras familias.

No debemos caer en la abulia, porque en un futuro estaríamos condenados a la indiferencia total ante tales atropellamientos, estaríamos condenados a vivir un mundo de egoísmo absurdo, porque sólo importaríamos nosotros en lo individual y nadie más.

Es evidente que una indiferencia generalizada permite toda clase de abusos que van desde el incremento de los precios, hasta la violencia e inseguridad. Y a esta sociedad le hace falta comprometerse más con su realidad para poder estar en condiciones de modificarla.

Desgraciadamente, la indiferencia se ha visto triunfante en un mundo en donde la falta de compromiso es la posición más cómoda. Mientras el compromiso exige responsabilidad, la indiferencia sólo requiere de acciones negativas para olvidarse que el mundo está roto o a punto de romperse.

El amor a la patria tiene que notarse en nuestras acciones, México nos necesita y nosotros a México, pero construido por todos de mejor manera. ¡La cultura de la legalidad y la civilidad ciudadana son un deber!

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