Opinión

México y la Integración Americana: oportunidades en riesgo

Juan Pablo Pampillo Baliño

Coordinador del Centro de Desarrollo Jurídico de la Universidad Anáhuac. Investigador Nacional nivel III.

Los tiempos de la globalización ya no permiten ser “candil de la calle y oscuridad de la casa”. Si hace apenas treinta años parecía posible –jamás lo ha sido– mantener una cierta desconexión entre la política doméstica y la internacional, como cuando se pensaba que la URSS podría, sin desmoronarse, mantener hacia dentro un régimen autoritario para encubrir su fracaso económico, hoy más que nunca sabemos del necesario equilibrio y continuidad que se requiere entre las dimensiones nacional y exterior. Y la democracia, el estado constitucional de derecho y la economía social de mercado, son precisamente los ejes que vertebran dicho equilibrio y continuidad.

En este mismo espacio hemos reconocido la visión del Presidente Peña Nieto y del Canciller Meade respecto del papel que México debe asumir dentro de nuestro subcontinente latinoamericano. Tan sólo en este año, habría que aquilatar la organización de tres importantes Cumbres: la de la Asociación de los Estados del Caribe (AEC), la de la Alianza del Pacífico (AP) y la Iberoamericana (SEGIB) que tendrá lugar a principios del próximo mes de diciembre.

Por sólo concentrarnos en la AP, cabe destacar que dicho bloque, formado también por Colombia, Chile y Perú, cuenta con un alcance demográfico de 214 millones de personas y un PIB de 2.1 billones de dólares que representa el 37 por ciento del PIB Latinoamericano. Sobre todo, concentra el 50 por ciento del comercio total de la región. En sus tres años de vida, ha suprimido más del 90 por ciento de los aranceles, ha conseguido la eliminación de visas, ha concretado acuerdos en materia de cooperación educativa y turística y hasta ha establecido representaciones diplomáticas conjuntas. Y aunque aún carece de personalidad jurídica y de una estructura institucional adecuada, ha revitalizado un contexto marcado por las crisis de los demás proyectos de cooperación e integración en nuestro hemisferio, desde la OEA y la CELAC hasta el UNASUR y el ALBA.

Sin embargo, la participación internacional y la proyección latinoamericana de México están comprometidas por una desafortunada serie de acontecimientos internos. Entre los riesgos está la aplicación de las reformas estructurales, específicamente la energética. Entre las amenazas se encuentra una reforma fiscal recesiva y un bajo crecimiento económico. Entre los problemas tenemos el crimen organizado, las violaciones de derechos humanos y la corrupción. Entre los peligros está la tentación del autoritarismo y del centralismo. Si el gobierno no se enfoca y resuelve, entre otros, los anteriores asuntos domésticos, nuestra posición geopolítica quedará de nuevo diluida y, así como en el pasado Brasil capitalizó nuestra falta de liderazgo, convirtiéndose en el hegemón sudamericano, alguien más aprovechará ahora las oportunidades que desperdiciemos, que se traducirán en comercio, inversión, producción, consumo, empleo y aumento en la calidad de vida que tanto necesitamos y merecemos los mexicanos.

juanpablo.pampillo@anahuac.mx